El 23F, treinta y cuatro años después, este año ha pasado desapercibido…Queda ya muy lejano. Entretanto los sumarios de la corrupción se pierden o andan por los suelos.
Esta elocuente fotografía sobre el amontonamiento de los documentos del sumario de los ERES en el Juzgado de Instrucción número 6 de Sevilla, -en el que pica piedra la juez Alaya- fue publicada por El Mundo en la portada de su edición correspondiente al 23 F. Recuerden: ‘Todo el mundo al suelo’.
Y no se trata de un asunto menor porque en esa dependencia -mal iluminada- se acumulan, esparcidas por el suelo, docenas de carpetas que custodian los frutos del trabajo, durante años, de una magistrada –que se ha empeñado en dar una explicación a los ciudadanos- sobre las trapacerías que tienen que ver con el desvío del dinero de los impuestos.
Pero como no se acaba de aflojar la guita para solucionar el despropósito -hay quien dice que como consecuencia del enfrentamiento derivado de la investigación de una presunta red de corrupción política, vinculada a la Junta de Andalucía, en la tramitación de los ERE- los funcionarios del juzgado estarían promoviendo una colecta para comprar una escalera que facilite al acceso a los archivos. Un pago a escote –con la Semana Santa y la Feria a la vuelta de la esquina- tiene mérito. Y qué bonito guión para una comedia de enredo si no fuese porque el tema es serio y la cosa no está para muchas bromas.
Y es que las pruebas yacen –literalmente- por el suelo, porque no hay presupuesto para acomodar los archivos en los que se concretan ciertas evidencias sobre el destino de algunos fondos: como por ejemplo, los veinticinco mil euros mensuales desviados para atender el consumo de estupefacientes del chófer y su jefe.
Tampoco es que Alaya pida tanto pues se trata de dos armarios y tres estanterías que pueden suponer un gasto de unos pocos centenares de euros. Y el rendimiento sería formidable porque se conseguiría asegurar la custodia y buen estado del sumario, que detalla la mayor corrupción sub iudice en la moderna historia de España.
El desatino es tan grande que quizá a algún curioso se le ocurra -hay gente para todo- mirar con detalle las partidas presupuestarias y enojar al contribuyente con odiosas evidencias ‘mira en qué se lo gastan en lugar de invertir el dinero con la diligencia con que lo haría un buen padre de familia» o sea, comprando -además de los armarios y las estanterías- el módulo del escáner, para preservar los 6,000 folios diarios con los que aliviar el agobio de la abundante testimonial.
Tampoco estaría de más calcular lo que van a tardar algunos de la prensa anglosajona en reproducir la foto y volverse a recrear en lo del macizo de la raza y la cosa étnica que tanto les gusta manosear. Ya aquí en casa, el costumbrismo -que tanto nos gusta- le ha llevado a una escritora a llamar a la magistrada tan enigmática y elegante, ‘maciza con mazo’ y a otro escritor –más templado- ‘jueza de porcelana’.
Se lo ponemos en bandeja y luego nos quejamos.

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