La clase política, lo que algunos llaman “la casta”, parecen muy preocupados por el futuro mapa que saldrá de las diferentes elecciones que se han de celebrar este año y que se estrenan en Andalucía. Les preocupa mucho la futura gobernabilidad de las instituciones, se han acostumbrado demasiado al “ordeno y mando” que propician las mayorías absolutas o las geometrías variables y han olvidado que la esencia de la democracia es el diálogo, el debate, el pacto que permiten buscar consensos a los problemas que se plantean.
Las repercusiones de las vicisitudes de la campaña andaluza para el común de los mortales es mínima si hacemos salvedad de algún que otro exabrupto o pequeñas anécdotas de valor más que relativo. Sólo interesa el resultado y si el mismo es el anticipo de una nueva manera de entender la política.
Sería positivo que en un país plural las instituciones reflejaran esta pluralidad, que se acabara la prepotencia de muchos de los gobernantes y que los periodos pre electorales no fueran un amplio surtido de promesas o gestos de imposible cumplimiento. Quizás tras estos periodos electorales presumiblemente huérfanos de mayorías absolutas o gobiernos bipartidistas se pudiera reconducir la vida política mediante pactos, diálogo, debate…. O sea buscar puntos de acuerdo entre fuerzas que tienen planteamientos diferentes. Claro que ello requiere un esfuerzo negociador, voluntad de llevar a buen puerto las iniciativas planteadas y cintura política para estar dispuesto a ceder en aras a encontrar puntos en común que permitan afrontar los problemas.
Tenemos experiencia que el rodillo parlamentario ha tenido consecuencias nefastas, tuviera la mayoría absoluta el PP, el PSOE o el PNV o CiU en sus respectivas comunidades y la consecuencia ha sido el desprestigio de la actividad política cuando no el abrir las puertas a la corrupción. Ahora los ciudadanos tienen la posibilidad de reconducir esta situación con sus votos y los políticos en adaptarse a un nuevo escenario donde los silbidos, pateos, insultos o aplausos a los que estamos habituados a ver en los debates del Congreso se sustituyan por un debate más tranquilo y sereno de fuerzas contrapuestas que estén obligados a llegar a pactos para asegurar la gobernabilidad.
Si el país es plural, los parlamentos han de ser plurales y sus miembros han de posibilitar que las instituciones funcionen. Sea bienvenido el fin de la dictadura de las mayorías absolutas y del bipartidismo. El resultado de las elecciones es un mapa de lo que quiere la sociedad y un mandato claro: con estos ingredientes con frecuencia dispares trabajen para entenderse y la política -como dijo Aristóteles, es el arte de lo posible.
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