“¿Quién establece las normas válidas, los estándares comunes y las reglas socialmente aceptadas? Los mediocres, que suelen ser también grandes reprimidos”. Jimena, “Pecados que cometimos en cinco islas”.
Que dice el Presidente del Gobierno de España que si votas al PP (o en su defecto a su primo hermano el PSOE, es decir a los partidos poltroneros) eres un ser humano normal. Lo que nos lleva a concluir, queridos lectores, que según Rajoy, si usted está decidido a depositar en la urna una papeleta de Ciudadanos, Podemos o cualquier otra formación adolescente, posiblemente sea un engendro con la testa de Aliens, el torso de un Kraken, el rabo de un Balrog y la mala leche de un Orco. Aunque sacando a pasear mi lado oscuro podría hacer una segunda interpretación -sibilina- acerca de semejante afirmación: según sus entendederas no hay vida inteligente más allá de las siglas de la gaviota. Y olé.
Rajoy, no contento con sentar cátedra sobre su peculiar interpretación de normas válidas y congéneres anormales, saca pecho por “la experiencia del PP” frente a las supuestas ocurrencias de los recién llegados, para satisfacción de adversarios y plumillas. Es mentar el Know How pepero y automáticamente la memoria colectiva se revoluciona: experiencia en sobresueldos, cajas B, comisiones ilegales, contratos manipulados, nepotismo, falta de transparencia en la gestión pública, dedazos, mamandurrias, mordidas, tarjetas opacas, puertas giratorias con mecanismo de acceso limitado a la casta, endogamia hermética de las altas esferas, incumplimiento de la mayoría de promesas electorales, pasotismo con la regeneración democrática que el vulgo exige… ¿Y qué me dicen de la experiencia de sus subordinados? Irremediablemente la sesera se nos colapsa con imágenes de Bárcenas, Camps, Correa, González, Matas, López-Viejo, Granados, Sepúlveda, Fabra, Castedo, Lapuerta… Dechado, todos ellos, de honradez, altruismo, honestidad, lealtad hacia sus votantes y vocación de servicio a España.
Lo que deja atónito al personal es que a pesar de sentir el aliento de la debacle electoral en su cogote, el PP mantiene intacta su soberbia y no modifica su errática política de comunicación, su falta de visión con los colectivos más desfavorecidos o la drástica falta de empatía social. Pese a esa veteranía de la que Rajoy presume sobre el estrado (más de tres décadas de coche oficial le contemplan), parece que sigue sin enterarse de que los tiempos y los españoles han cambiado. Y tal tozudez traspasa los límites de la apatía para adentrarse en los de la torpeza. Cuanto más critica a Ciudadanos o a Podemos más reafirma a los hastiados ciudadanos a votar a los amateurs y botar a los coetáneos de Parque Jurásico para intentar recobrar la ilusión de un país cabreado. Estamos hasta la peineta de políticos profesionales, de cargos públicos que se lo llevan crudo, de indigentes intelectuales que viven a cuerpo de rey (a costa del sufrido contribuyente) y de corruptos con pedigrí.
Es obvio que estas desafortunadas palabras del Presidente se encuadran dentro los dictados electorales de los genoveses: parece que el PP va a utilizar la estrategia del miedo. Insinúan que si se desploma la partitocracia una especie de Armagedon caerá sobre España. Presenciaremos un acabose capitaneado por el advenimiento de los jinetes del Apocalipsis uniformados con los atavíos propios del Coletas o de Naranjito. Es posible que algunos votantes -seres humanos normales según su sesgo- tropiecen en esta trampa dialéctica y opten por el “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Pero hordas y hordas de los que él considera alienígenas se van a dar el gustazo de conceder una oportunidad a los junior.
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