El proceso promovido por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, para alcanzar un acuerdo con Irán sobre el control de eventuales armas nucleares, que conduciría al fin del boicot comercial vivido por ese país por parte de las potencias occidentales, impactará necesariamente en la industria petrolera. El país -el cuarto en reservas del petróleo y el segundo de gas del mundo- acumula hidrocarburos que no ha podido exportar en los últimos años por las sanciones occidentales -sólo a través del programa denominado petroleo por alimentos-. Medidas que han supuesto que sus ventas actuales al exterior no superen el millón de barriles al día y con una producción de 2,8 millones.
No obstante, los expertos del Departamento de Energía de Estados Unidos estiman que esas cifras se pueden aumentar de forma sustantiva en un periodo relativamente corto, con la producción llegando a los niveles previos a 2008; en pocos meses Teherán estaría capacitada para elevarla en unos 700.000 barriles al día. Medios internacionales señalan que algunas de sus infraestructuras, que son flotantes, suministrarán crudo a barcos nada más que se levante el embargo.
En principio este proceso se vería materializado -si las fuerzas políticas más radicales de Irán no lo abortan- a principio de verano, con lo que la reducción de la oferta en la hemisferio norte no se vería compensado con la recorte de producción que suele registrarse en el último semestre del año. Los expertos alertan además de que el mercado ya cuenta con un exceso de reservas, con una oferta que excede en 1,24 millones de barriles día las compras.
En una dirección similar se pronuncia la Agencia Internacional de la Energía (AIE) que habla de un nuevo reto para la industria si Irán inunda el mercado con las reservas acumuladas. Y si bien se trata de un país muy opaco para conocer de forma fidedigna los datos reales y la situación de su industria, podrían ser lo suficientemente elevadas para impedir el ajuste en el mercado, aunque se reduzca la producción de tecnología fracking. Irán como Arabia, cuenta además con un factor que le beneficia frente a otras productores: el bajo coste de extracción que se eleva al entorno de los cinco dólares por barril.
Si bien hay otro factor que añadiría posibilidades para que aumente la volatilidad de los precios de los hidrocarburos, que en el caso de Brent (referente en Europa) y del West Texas (de Estados Unidos) ha supuesto una caída del 50% de los precios desde septiembre de diciembre de 2014, sin que se hayan producido cambios relevantes después.
Y es que Irán es un contrapoder frente a Arabia y en el seno de la OPEP -en donde ganaría peso- es partidario de un control pactado de la reducción de la producción de cada uno de los miembros del cártel. Pero, mientras este acuerdo no se logre, no va a limitar sus ventas ahora que se vislumbra el fin del boicot.
Por el contrario, la OPEP ha indicado en su informe marzo que ha aumentado en 810.000 barriles diarios su producción respecto a febrero. Lideraron los aumentos de producción Arabia Saudí, con 346.000 barriles; Irak con 318.000; y Libia con 165.000.
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