Intención de voto

29/04/2015

Josep M. Orta.

Ahora parece que las elecciones de mayo sólo son unas primarias de las generales y por ello se mezclan las encuestas sobre lo que pasará el día 24 y lo que sucederá a finales de año en las legislativas.

Cada elección tiene sus consecuencias y más en este caso donde la irrupción de las nuevas fuerzas y el deterioro de las hasta ahora hegemónicas parece que distorsionan el futuro mapa político, por ello augurar lo que sucederá en las elecciones a Cortes sin tener en cuenta las repercusiones de las municipales y autonómicas es, como mínimo, aventurarse mucho. De momento parece que hay mucho ruido y pocas nueces.

Quizás sea interesante hacer unas consideraciones de la situación del corralito nacional.

Por una parte diferentes medios audiovisuales están promocionando de una manera descarada las nuevas formaciones. Parece que los dirigentes de Podemos o Ciutadans estén en plantilla en algunas emisoras con lo que su imagen puede quedar sobredimensionada (no es lo mismo decir lo que vas a votar que después votarlo). Basta recordar las expectativas que tenía Podemos en Andalucía en contraste con la corrección que tuvieron en las urnas.

Por otra parte la irrupción de nuevos casos de corrupción que estos días afloran como setas no está claro que tengan una decisiva influencia en los resultados, la historia electoral del país demuestra que el correctivo que los afectados por estas situaciones siendo significativo no es tan importante como algunos pretenden. Sí, en cambio, penaliza la mentira como le ocurrió al PP tras los atentados del 15-M.

Hay que tener en cuenta que lo que verdaderamente cuenta en unas elecciones son las personas que están dispuestas a cambiar de voto, bien sea pasando de la abstención a la participación o simplemente optando por una papeleta diferente a la que habían utilizado. Ambos datos pueden ser difíciles de cuantificar en las encuestas. Por ello la principal tarea de los partidos es intentar fidelizar a su electorado.

Los mítines se han convertido en actos de adhesión inquebrantable que sólo sirven para llevar por la oreja a la militancia adicta y transmitir una imagen de partido poderoso. Hay una persona que habla sin salirse del guion y las cámaras –del propio partido- se espabilan para transmitir la imagen de masas que idolatran a su líder. Después estas imágenes las harán llegar a los medios y muchos, cuando aparezcan en pantalla, aprovecharán para ir al lavabo.

Cualquier muestra de desacuerdo con el orador es interpretado como un boicot y los servicios de orden están preparados para abortar cualquier muestra de discrepancia. De esta manera los partidos excluyen al asistente inquieto que acude al acto para informarse y quizás dejarse convencer. Hace tiempo un destacado político señalaba que en estos actos él se dirigía siempre a las personas que estaban serias y seguían con una cierta atención su discurso. Razonaba que era la oportunidad para ganar un voto, los otros ya los tenía.

En contraste, ahora es especialmente significativa la gente que acude a los actos de los nuevos partidos que no son “personas de plantilla” si no interesadas por las novedades que ofrecen estas formaciones. Frente al más de lo mismo de los partidos tradicionales en estos actos los asistentes están interesados en oír las propuestas de los debutantes y en algunos casos hasta transmiten una fresca ilusión por el incierto futuro que emprenden los advenedizos.

Finalmente la gran mayoría silenciosa prescindirá de todos estos protocolos y posiblemente no se planteará lo que va a votar hasta la misma jornada electoral. Votará lo que a lo largo de cuatro años (acaso sin saberlo) haya ido configurado  y habrá prescindido de toda la parafernalia de la campaña electoral. Y como el ciudadano no puede matizar su voto tendrá que optar por una de las papeletas que los partidos le imponen y que se aproxime más a sus planteamientos.

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