Pues bien, estamos en un caso de estos, pero con la particularidad de que los movimientos, al menos en los últimos tiempos, son de gran volatilidad. No sube o baja un poco, sube o baja mucho pero es incapaz de mantenerse dos días con el mismo rumbo. Viendo lo que está pasando y lo que me gusta la teoría de sincronización de mercados, yo diría que Wall Street está «esperando» a Europa.
Los índices europeos, que tan fuertes parecían hace nada, son ahora mismo un lastre por culpa de Grecia y de la nefasta gestión que el Eurogrupo, Bruselas y el FMI han hecho de la crisis griega. Cinco años de problemas recurrentes son muchos años incluso para incompetentes tan reconocidos como los comisarios europeos, ministros de Economía, jefes Gobierno y altos directivos del FMI. Cierto es que son unos inútiles con balcones a la calle, pero en cinco años deberían haber tenido algún golpe de suerte que les obligara a tomar alguna decisión acertada, digo yo.
El caso es que tenemos a los dos grandes índices americanos en una situación realmente peculiar:
Hace ya dos meses que dedican el tiempo a transitar entre las líneas trazadas casi sin mayor intención de hacer nada. Apenas han retrocedido de forma seria y la figura se va agotando en ambos casos por lo que el desenlace tiene que producirse la semana próxima. No hay margen para más.
¿Para donde? Creo que Europa será la que tenga la última palabra. Pero, por favor, que no sea Draghi el que tenga que decirla, que entonces seguro que nos hundimos. El mundo asiste atónito a la capacidad de la QE europea para provocar efectos contrarios a los que se esperaban porque había sido la pauta en las QE americana, británica o japonesa.
Al cierre, el Dow Jones avanzó un 1,03%, el S&P 500 un 1,09%, el Nasdaq Composite un 1,29%, el Nyse Composite un 0,82%, el Nasdaq 100 un 1,47% y el Russell 2000 un 0,65%.


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