El todopoderoso sector del fútbol está a la gresca. La máxima deportiva, de lo importante es participar ya no vale. En juego están más de 1.000 millones de euros por los derechos televivos y nadie está para prórrogas. En un equipo juegan la Federación Española de Fútbol, el Comité Olímpico español y el sindicato de futbolistas (AFE), algo que parece en contra de toda naturaleza. Y por el otro, el secretario de Estado de Deportes (Consejo Superior de Deportes) y la Liga, la patronal del fútbol.
Si la negociación no lo remedia, el partido -la huelga- durará todo lo que sea necesario, es decir, en juego están los dos partidos que restan para finalizar la liga de este año, por lo que este último domingo podría ser el último y la clasificación quedaría como se cierre con estos últimos encuentros.
Y como siempre los paganos del partido serán los aficionados, los mismos que pagan las desorbitadas entradas y ajustan sus vidas a los horarios que les imponen, mientras el Gobierno en su política de entrometerse en todo, también llega a los campos de fútbol y hasta el reparto que se hagan los clubes del dinero que se reparta, y el ministro Montoro a la espera por si le cae algo a las arcas del Estado.
Nuevamente la culpa la tiene un decretazo, que como el resto es la forma de gobernar de las mayorías absolutas, sin hablar con nadie, bueno en esta ocasión con unos sí (clubes), pero con los otros no (futbolistas). Y todo porque el Gobierno ha fijado la gestión de un dinero privado en favor de la liga, sin dar explicaciones a la federación de fútbol. Digamos que una vez más el Ejecutivo se ha extralimitado en sus funciones, ya que en este ámbito solo le corresponde que haya transparencia y controlar que no se produzcan fraudes. El dinero es una cuestión entre liga, clubes y futbolistas.
Y no nos engañemos que millonarios por el fútbol no son tantos, unos cuantos cracks extranjeros que han venido a forrarse a España, y un puñado de excelentes profesionales cuya trayectoria deportiva es admirada por todas las aficiones. El resto, la gran mayoría, tienen nómina de obreros del balón. Y es por ellos por los que hasta los más acaudalados futbolistas de primera de nacionalidad española están dispuestos a ir a la huelga.
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