El cabreo español se hizo voto

25/05/2015

Carmela Díaz.

ahora 2El monumental cabreo español se hizo voto y habitará entre nosotros las próximas
legislaturas.  Más miedo ha dado dejar las cosas como estaban que otorgar una oportunidad a lo que esté por venir.

El castigo se ha materializado con contundencia en forma de resultados electorales. El nivel de tolerancia a la corrupción, las mamandurrias y la bajeza moral (Andalucía aparte) se desbordó. La desesperación de los que aún tienen decencia, que son muchos, explotó. Se acabó el tragarse a diario indigestos sapos en forma de escándalos bochornosos. La endogamia del putripoder -con  políticos profesionales aferrados como garrapatas a unos sillones que no les pertenecen- la corrupción desbocada o el latrocinio de las cúpulas no eran una entelequia ni un concepto etéreo; han pasado factura a los bolsillos y al ánimo de los españoles convirtiéndose en el desencadenante que desperezó a los aborregados.

Carmela Díaz

Carmela Díaz

Quizá en un voto no se pueda expresar todo lo que llevamos dentro desencanto, frustración, hartazgo y hasta ira- pero el mensaje extraído de las urnas es demoledor. Quien no lo quiera escuchar, no lo sepa interpretar o no ponga remedio en su estrategia y su forma de hacer política, está abocado a la desaparición. Perder más de dos millones de votos y mayorías absolutas en comunidades y alcaldías (habiendo disfrutado del mayor poder territorial y el más férreo control sobre los medios jamás ejercido) supone una hecatombe. Porque al PP no solo se lo ha llevado por delante su pasotismo frente a los malhechores que campean a tutiplén por sus filas, la obcecación por la economía obviando todo lo demás, la asfixia ciudadana por una fiscalidad confiscatoria o el malestar general por unos injustos recortes. La arrogancia, el despotismo y la soberbia de sus rostros más visibles -muchos de los cuales se consideran a sí mismos descendientes directos del Altísimo- resultaron determinantes en su despeñamiento hacia el abismo. Rajoy ha dilapidado una abrumadora mayoría absoluta en apenas cuatro años. Muchos errores garrafales habrá cometido. Entre ellos reincidir con Aguirre, Barberá, Imbroda, León de la Riva… Dignos representantes de todo lo que los votantes desean erradicar.

Excepto los hooligans incondicionales (beneficiarios de las prebendas que reciben del partido en cuestión) el resto anhela fulminar a los depredadores de lo público. La mayoría de los votantes de entre 18-40 años no quiere ni oír hablar de PP ni PSOE; ni de Leires, Pepiños, Pujaltes, Hernandos, Villalobos, Florianos, Pujoles o chupasiglas similares de cualquier pelaje y condición. Sus opciones prioritarias pasan por Podemos -que ha encauzado con acierto, astucia y en tiempo récord el desencanto colectivo- o Ciudadanos -que se va a convertir en la llave de muchos gobiernos a nivel nacional: los pactos ya no serán coto exclusivo de las formaciones nacionalistas-. Por el camino se han quedado IU y UPYD  -la mollera inflexible de unos mandamases petulantes asesinó una opción que prometía- mientras que Pedro Sánchez deambula a trompicones celebrando el triunfo de unas siglas ajenas como si fuesen propias.

Pero no olvidemos que las elecciones han sido autonómicas y locales.  Expectantes quedamos ante el arco parlamentario multicolor que se vislumbra. Y que el PP espabile porque tras el desastre todavía le toca bailar con la más fea. Parte de los votos obtenidos en las generales de 2011 le fueron prestados ante una emergencia nacional: había que echar a un iluminado.

Hoy las maltrechas filas populares se consideran… ¡¡¡víctimas!!! Resulta que los españoles “no hemos sabido valorar su inconmensurable esfuerzo por el bienestar común, su capacidad de sacrificio y su intachable gestión”. Eso susurran por los pasillos genoveses y monclovitas cual plañideras quejumbrosas.  Tócatelos al ritmo de marimba…

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