La peculiar alcaldesa en funciones de Valencia fue muy gráfica al valorar los resultados electorales. Por fin hay alguien que lisa y llanamente lo reconoce aunque le salga un exabrupto políticamente incorrecto. En unas elecciones unos ganan, otros pierden y hay especialistas en tratar de transformar claras derrotas en victorias, como es el caso de un Rajoy encantado de haberse conocido que se vanagloria de seguir siendo el partido más votado, de que “en España ya no se hable del paro” y prometiendo que tras estas elecciones no cambiará nada y que él es el mejor candidato.
Nada de autocrítica, atribuyen su fracaso sólo problemas de comunicación, lo que convierte a su partido en gran candidato a pegarse un batacazo aún mayor en las próximas elecciones generales. La prepotencia acostumbra a ser mala consejera, pero la actitud que transmiten los dirigentes populares ante su revés electoral es que el pueblo se ha equivocado al votar y nadie se atreve a reclamar un examen de conciencia para analizar el gran distanciamiento que el PP tiene con numerosos sectores de la sociedad.
Ahora se asombran de que en el mapa político “todos van contra nosotros” sin querer buscar las causas. Tienen un problema, pero también lo tienen las fuerzas emergentes. Ciudadanos tendría que ser su aliado natural y en política la virginidad hace tiempo que es recuerdo, pero el partido de Albert Rivera, además de no querer entrar en el gobierno, pone como condición para permitir la gobernabilidad los populares tendrán que pasar la prueba del algodón en la lucha contra la corrupción. Y pocas listas del PP están en condiciones de superarla. , como tampoco la condición de que los partidos elijan sus candidatos mediante primarias, propuesta que ya fue radicalmente rechazada por los populares.
Ciudadanos pretende no mancharse las manos hasta las generales, no le hace ninguna falta y su imagen angelical en buena parte de España (no precisamente en Catalunya) la puede mantener hasta las generales de otoño). Al fin y al cabo no tienen por qué quemarse sacando las castañas del fuego a nadie, por mucho que Rajoy defienda ahora que mande la lista más votada en coherencia con la actuación de su partido en Andalucía.
Si ayer era la hora de los votos, ahora es la hora de la política en unas negociaciones que no son otra cosa que un acto más de la próxima campaña electoral.
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