La «solución griega» se encamina hacia una nueva chapuza

11/06/2015

Miguel Larrañaga. Mientras en Europa quieren ver la botella medio llena y todo son sonrisas y buenas maneras, el FMI lo ha dejado claro y ve muy lejos un acuerdo. Síntomas de que la solución griega se encamina hacia una nueva chapuza.

Mientras desde Europa se califica la última reunión entre Tsipras y Juncker como «importante y amigable» a pesar de la falta de acuerdo, las expresiones del FMI tienen un cariz completamente distinto. El organismo multilateral ve «muy lejos» un acuerdo y subraya que «no ha habido ningún avance».

¿Son posibles dos puntos de vista tan distintos y tan distantes sobre la misma cuestión? Tratándose de Grecia, lo que más sorprende que es no hay un tercer punto de vista, el griego, que califique de «éxito» la reunión y subraye que se está a punto de conseguir el acuerdo.

Pero lo que revela el fondo de la cuestión es que el FMI se desmarca a pasos agigantados de la solución que quiere propiciar Europa. ¿Una causa? Sencillo, el FMI no comparte moneda ni Banco Central con Grecia y las cuestiones geopolíticas le traen al pairo.

El FMI lo que ve es que Grecia le debe una porrada de dinero y que la devolución está en el aire, empezando por los pagos que los helenos deben hacer este mismo mes y para los que ya han pedido un aplazamiento hasta finales de mes.

Desde tiempo inmemorial, el FMI se ha caracterizado por lo erróneo de sus previsiones y por los discutibles resultados de los rescates que ha negociado. Argentina es el caso más paradigmático de cómo las recetas del FMI tampoco parecen la panacea que pueda llevar a un país a la prosperidad a largo plazo. Más bien impone una visión cortoplacista que llega hasta el momento en el que cobra las deudas.

Y el problema es que ahora ve que puede no cobrar las deudas y sigue exigiendo una inmediata reforma fiscal y la rebaja de las pensiones (que es equivalente casi a su aniquilación dados los niveles alcanzados con el último recorte).

En cambio, desde Europa, parece que alguien ha pensado en algo más a largo plazo que pueda permitir que las reformas que necesita Grecia y que se le van a seguir exigiendo, puedan hacerse de forma escalonada y, sobre todo, sin terminar de destrozar a la cada vez menos media clase media.

La última postura de Merkel de exigir a Grecia que haga una reforma e ir liberando dinero a medida que Grecia va cumpliendo nuevos hitos, en el fondo puede no ser tan mala idea. Si se le exige una reforma fiscal a Grecia, lo fácil es subir el IVA y lo difícil dotar al país de medios para que nadie escape al fisco. El problema es que subir el IVA tiene efectos inmediatos, tanto beneficiosos como perjudiciales, y la articulación de un auténtico sistema fiscal lleva más tiempo y sus resultados solo pueden ser beneficiosos a efectos de la cohesión social. ¿Con qué receta nos quedamos?

Ahí es donde parece dudar Merkel. ¿Y si fuera cierto que Grecia está dispuesta a hacer un verdadero sistema fiscal y necesita tiempo para ello? Incluso, Europa podría colaborar si todas las partes se pusieran de acuerdo para hacerlo más rápido. Además, lo que está fuera de toda duda es que si alguien puede hacerlo, ése es un partido con mayoría suficiente en el Parlamento y sin rémoras del pasado.

¿Por qué no concederle el beneficio de la duda? Claramente, porque Tsipras y Varoufakis no se han hecho precisamente acreedores de ninguna confianza, pero recordemos que en Alemania no confiaban tampoco en De Guindos y sus recetas para sacar a España de la crisis y en cuanto le permitieron, a regañadientes, ponerlas en marcha, las cosas han funcionado más que razonablemente.

Hay un movimiento clave en todo este embrollo y no es otro que la aspiración de De Guindos de presidir el Eurogrupo. No es un espontáneo que se haya lanzado a la arena y cuando lo hace sabe los respaldos con los que cuenta y con los que puede terminar contando. No le veo lanzándose a la arena con el veto explícito alemán…

No es que el español vaya a ser menos duro con Grecia. De hecho sus relaciones con Varoufakis solo pueden ser calificadas de «tirantes», pero el cambio de interlocutor sí supondría, al menos, otra forma de hacer las cosas. El holandés de apellido impronunciable está verde como político y nadie comprende cómo pudo llegar a la presidencia del Eurogrupo (que ya entonces deseaba De Guindos).

El problema es el de siempre y no es otro que la tendencia a la chapuza que hay en todo lo que toca la UE. Una solución a largo plazo para Grecia debe incluir una reestructuración de su deuda. No es negociable. Es sí o sí. Y precisamente ahí es donde hay más problemas. Todos quieren cobrar en fecha y las cantidades estipuladas.

Legítima aspiración, por cierto, pero si son parte del problema por el mero hecho de no haber dado con la solución en cinco años transcurridos de crisis, también tendrán que hacer frente a sus responsabilidades, lo que no tiene visos de que vaya a ocurrir y nos encamina directamente hacia la chapuza. No se buscará la solución permanente y a largo plazo y querrán hacernos creer cualquier cosa.

Lo que más me extraña es que el sentimiento de los mercados sea tan volátil respecto a la cuestión griega. Los mejores analistas del mundo no han sido capaces de crear un sentimiento de mercado más estable y que pueda pasar por encima del «hay una reunión esta tarde» o «parece que Merkel toma cartas en el asunto».

Por eso nos encontramos perfiles de sesión como la de hoy, en la que hemos asistido a un bajonazo implacable por el efecto de unas declaraciones, las del FMI:

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Aún así, la sesión se ha resuelto al alza, pero no deja de ser preocupante el análisis ultracortoplacista con el que siguen los mercados la negociación. Posiblemente, no es ni eso que hemos visto en los mercados de la parte occidental del Viejo Continente, ni esto que se ve en el perfil del índice de la Bolsa de Atenas, que cerró antes de las palabras del FMI y que ha cerrado con una ganancia superior al 8%.

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Definitivamente, por algún sitio esto hace aguas y se inclina del lado de la chapuza.

Al cierre, el Dax avanzó un 0,60%, el FTSE un 0,24%, el CAC un 0,74%, el Ibex un 0,53% y el Eurostoxx un 0,71%.

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