Pedro Sánchez sorprendió en su debut como candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno bajo el amparo de una gran bandera española. ¿Qué debían pensar los militantes de un partido que tiene alma republicana ante este gesto? Es verdad que en su día –a cambio de la legalización del PCE – también realizó un gesto similar Santiago Carrillo, pero hoy en día, cuando la monarquía es contestada por muchos, ¿que pretende el dirigente del PSOE?
Acaso el candidato socialista quiere evitar que este emblema sea patrimonio de la derecha o acaso disputarle al PP el nacionalismo español, o quizás demostrar a catalanes y vascos que las pretensiones de estas comunidades de decidir el futuro no caben dentro de los planteamientos socialistas. Quizás con este significativo gesto Sánchez pretendía replicar las acusaciones de extremismo y radical que –en su derecho al pataleo- le hacen día sí día también los dirigentes del PP con Rajoy como máximo altavoz.
Pretender a estas alturas que la bandera española emocione a una gran mayoría de los españoles me parece que es iluso. Mientras que no es extraño ver senyeres e ikurriñas en los balcones de ciudadanos catalanes y vascos e incluso en Andalucía se puede ver la bandera verdiblanca. En cambio son pocas las banderas españolas que lucen en casas particulares y cuando lo hacen sus moradores son inmediatamente etiquetados de fachas.
El gesto socialista suena a patrioterismo barato o al rancio nacionalismo español que nos tiene acostumbrado la derecha y creo que ello le traerá más problemas que beneficios, a parte de abrir un nuevo frente como si no tuviéramos bastantes con los existentes.
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