Ya lo decían nuestros abuelos, esos ancianos sabios y venerables: «la mejor medicina para un niño malcriado y consentido es dejarlo un día sin comer«. Los dirigentes griegos confunden dignidad con fanatismo, política con demagogia, populismo con discurso, intransigencia con hábil negociación, órdago a la grande con farolillos. O quizá emular con maestría a un fardón era parte imprescindible del guion. Todos actúan como actores consagrados en una farsa en la que bajarse y subirse los pantalones con artificio y teatralidad forma parte de las reglas del juego porque la cruda realidad pasa porque a ninguno de los implicados les interesa romper la baraja. No hay país que salga de rositas de la Eurozona salvo por hecatombe interestelar.
No descarten que el dramático espectáculo que presenciamos en los últimos días sea un paripé. De los tahúres nunca te puedes fiar aunque se oculten tras seductoras máscaras de salvapatrias. La renovación política actual es tan imprescindible como necesaria pero estas formaciones emergentes de izquierdas son puro efectismo: carecen de proyectos sólidos, viables y de ideas renovadas. Son expertos en activismo callejero, agitación social, supuesta superioridad moral, en hilvanar mensajes que encienden la chispa ajena, en idear lemas carne de trending topic o en exhibir pancartas que revuelven la conciencia popular. Son capaces de enfervorizar con pericia a la turba a la par que por detrás reciben dinero, prebendas y favores. Mientras Tsipras se desdice Varoufakis no da la talla como estadista; aunque en la fantasía colectiva femenina siempre permanecerá como prototipo de empotrador por antonomasia. Si el referéndum de algo que ya no existe se mantiene en pie, procedería también convocarlo en el resto de países de la moneda única para comprobar si deseamos que Grecia permanezca como compañero de batallas. ¿Por qué no? Nosotros también tenemos derecho a decidir sobre un asunto capital que afecta directamente a nuestros maltrechos bolsillos. Españoles, europeos, ¿queremos que nuestros respectivos gobiernos sigan invirtiendo dinero a fondo perdido en ese infinito agujero negro que es la economía helena?
Estos desatinos de los dirigentes griegos me recuerdan a nuestros flamantes alcaldes patrios que hace apenas unas semanas colapsaron sus programas electorales de promesas imposibles de cumplir y que tras tomar posesión de sus cargos reconocieron que a lo mejor no se podría practicar lo prometido… Aquí, en Grecia o en Tombuctú queda demostrado por enésima vez que votar con las tripas no sale gratis. Cuando aúpas a la cúspide del poder a unos cantamañanas el desenlace contará con todos los ingredientes de una tragicomedia. Formar parte de un gobierno requiere un bagaje, una cualificación, una integridad, una visión de Estado, una habilidad negociadora, un sentido del deber hacia sus ciudadanos, un firme compromiso y unas responsabilidades mucho más complejas e insignes que gargajear al viento sentencias populacheras, repetir hasta el empalago lo que los desencantados anhelan escuchar o poseer atributos para mutar en predicador estrella de prime time.
La ignominiosa escenografía que interpreta la Grecia de Syriza se podría replicar en una futurible España gobernada por un Frente Popular contemporáneo tras las elecciones generales del próximo otoño. El tutti frutti PSOE-Podemos-IU-ERC-Bildu-Compromís-BNG… se consolida como firme candidato para tomar los mandos de nuestro país.
Carmela Díaz

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