Como el Cid Campeador, Rafael Termes triunfa después de muerto. El que fuera consejero delegado del Banco Popular, presidente de la Asociación Española de Banca (AEB), fundador del IESE, entre muchas otras labores, fue el creador en 1965 del Instituto Español de Analistas de Inversiones (actualmente, de Analistas Financieros). Fallecido en 2005, no ha podido vivir el 50 aniversario de su creación, pero fue citado por muchos de los intervinientes en el acto y de los autores de la obra “50 años de análisis financiero en España”, editada por el Instituto y por la Fundación de Estudios Financieros.
Como suele ser habitual en estos actos, la noticia (o el morbo) no estuvo en el acto del aniversario, celebrado en el parqué de la Bolsa de Madrid, ni en los discursos iniciales de Antonio Zoido, presidente de BME, y de Juan Carlos Ureta, presidente del Instituto y de la Fundación de Estudios Financieros, ni en la mesa redonda en la que participaron Ignacio Gómez Montejo (Managing Direcyr de International Capital Research), Juan José Toharia (presidente de Metroscopia) y Ureta.
La atención se centró en el director general del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) y exgobernador del Banco de España, Jaime Caruana. Su mensaje, más allá de un discurso impecable pero políticamente correcto, de los de nadar y guardar la ropa, es que la crisis de Grecia terminará “arreglándose”. Caruana lamenta que el Gobierno de Alexis Tsipras haya perdido cinco meses que lleva en el poder sin aplicar reformas, lo que obligará a Grecia a «hacer todavía más» ajustes.
El deterioro de la economía griega ha sido «muy importante» desde la llegada al poder de Tsipras, y «cualquier programa o paquete de reformas va a ser muchísimo más complicado», ha advertido.
Caruana también avisa de los tipos de interés tan bajos. “Ni son inevitables ni son de equilibrio”, argumenta. Si se “enquistan” en el tiempo, pueden generar «efectos secundarios» negativos para la estabilidad financiera. «Los tipos bajos pueden generar la necesidad de seguir con tipos bajos«; concluye.
Además, alerta sobre cómo los bajos tipos están influyendo en el modelo de negocio de la banca, pese a que las entidades están bien capitalizadas por las normas regulatorias derivadas de la crisis. «Quizá exista un exceso de capacidad», precisa Caruana.
Vigilancia del buen gobierno
“Cuando Rafael Termes fundó, en 1965, el Instituto de Analistas, lo hizo bajo la convicción de que un análisis financiero de calidad era imprescindible para que el ciclo de desarrollo económico que entonces empezaba en España se asentase sobre bases firmes”, recuerda Juan Carlos Ureta, presidente del IEAF desde 2010. El libro sobre los 50 años del Instituto refleja “cómo los analistas han contribuido a lo que sin duda ha sido una de las grandes historias de éxito”.
Pero Ureta resalta que “hoy la función de los analistas es más amplia y su responsabilidad mayor”. “Ya no solo son una pieza básica en la asignación de recursos financieros, sino que también deben pronunciarse sobre aspectos que conectan con la vigilancia de la estabilidad financiera, la vigilancia de un correcto uso de sus recursos por parte de los Gobiernos y poderes públicos, la calidad del gobierno de las empresas y las buenas prácticas del sector bancario y de los mercados de capitales”.
El presidente del Instituto enfatiza que “el compromiso, y la responsabilidad” de los analistas financieros es “con la estabilidad financiera y con la pegagodía y la educación financiera de los ahorradores”.
Para ello, “los analistas necesitamos completar el clásico e imprescindible arsenal del que disponíamos, muy centrado en el análisis fundamental, con otras herramientas, como la llamada ESG, que permite valorar la atención medioambiental, la responsabilidad social de las empresas y el buen gobierno, o como la comprensión crítica y analítica de los procesos de decisión política, en su sentido más elevado de ‘policy making’”. También es preciso “un análisis de flujos de los mercados y un entendimiento adecuado del valor de la comunicación en la sociedad del siglo XXI”, concluye Ureta.
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