El inicio de la magia

11/07/2015

María Martín. Crímenes, crítica social, mundos fantásticos, distopías y universos lejanos son algunos de los temas que cada año se erigen en protagonistas del mayor certamen de literatura de género que se celebra en España.

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Con la puntualidad esperable en cualquier evento que mueva a tanta gente (esto es, impecable en la organización y algo más informal en el resto de participantes), comenzaba, de manera informal, la nueva edición de la Semana Negra a las 9 de la mañana en el hall del Hotel Chamartín. El objetivo, reunir a los más de 50 participantes que se trasladarían a Gijón a bordo del Tren Negro. Aunque en justicia ahora sólo ocupe dos vagones de un Alvia destino al Norte cualquiera, lo cierto es que sobre el papel y, lo más importante, en el corazón de escritores, periodistas y demás amantes de la literatura en general, y la negra en particular, siempre será el Tren Negro. Y como hay tradiciones que no se perdonan, antes de arrancar ya comienzan las charlas sobre literatura (la pregunta “¿qué estás escribiendo ahora?” ronda cada grupo, incluso cuando no se hace directamente), el contrabando de libros (“Te he traído mi novela”, “¿Dónde la puedo encontrar en digital?”) y, sobre todo, la hermandad que convierte a extraños en inseparables durante unos días.

El tren arranca, pero nada empieza de verdad hasta que Ángel de la Calle no reparte el primer número del A Quemarropa, que tiene el mágico efecto de hacer el silencio en todos los asientos. La Breve Historia de la Semana Negra que recoge en sus páginas centrales ayuda a situarse en un universo extraño y único a aquellos que lo visitan la primera vez.

IMG_0336Hay poco tiempo para descansar antes de que empiece el trabajo de verdad, con la primera rueda de prensa a bordo del tren. En esta ocasión abre el fuego Gustavo Forero Quintero, abogado, profesor universitario y escritor cuya primera novela, Desaparición, le ha puesto en el punto de mira de numerosos colectivos de su Colombia natal. Con la toma del Palacio de Justicia de 1985 como escenario, forero aprovecha para contar una desaparición y para explorar los límites de la democracia colombiana. Y es que para él la novela negra tiene su sentido principal al servir como vehículo para la crítica política y social, como experimento para conocer los límites democráticos de cada país. Con esa intención se involucró en la organización de Medellín Negro, que el próximo septiembre cumple su sexta edición. Ángel de la Calle aprovecha la oportunidad para recordar la importancia que tiene que los escritores de una misma generación se lean unos a otros, que se rompan las fronteras nacionales para que el espacio de intercambio que es la Semana Negra no sea algo aislado en el espacio y el tiempo, sino que su espíritu empape las relaciones literarias entre España y los países iberoamericanos. Y para recordar que el lector se hace en la juventud, y que en eso, como en otras cosas, España lleva algo de retraso.

Casi sin pausa, Gioconda Belli ocupa el asiento reservado para los encuentros con la prensa y la defensa del papel de las mujeres en la literatura, y en particular en la poesía, se convierte en el tema central del diálogo que se establece entre los reporteros y la escritora nicaragüense. Virginia Woolf es citada en más de una ocasión como ejemplo, maestra e inspiración, mientras Belli habla de la importancia de un trato igualitario a la hora de ofrecer reconocimiento a escritoras y escritores: ni bajar el listón por ser mujer ni subirlo por no ser hombre.

Reconocimiento no les falta a las protagonistas de la siguiente rueda de prensa: María Inés Krimer, Gabriela Cabezón Cámara, Tatiana Goranski, Hortensia Campanella y Mercedes Rosende. Tres argentinas y dos uruguayas que se convierten en representantes de la nueva literatura latinoamericana, que hablan de cómo crearon sus personajes más icónicos y que son capaces de despertar el interés, y arrancar carcajadas, a una hora tan difícil para un encuentro como son las tres y media de la tarde.

La intervención de las cinco mujeres tiene la virtud de despertar a los pasajeros del tren negro, que saben que su destino está cada vez más cerca. La escritora Elia Barceló discute con la también escritora, y editora, Carmen Moreno (su Cazador de Ratas es una de las marcas a seguir gracias a la selección de títulos tan cuidada e interesante. Tomen nota). Los uruguayos Rodolfo Santullo y Matías Castro se hermanan, aún más, con el argentino Iñaki Echeverría, demostrando que en la Semana Negra no hay fronteras, ni límites, que valgan. Al menos no a la amistad, la creatividad y el buen hacer literario.

La llegada a la estación de Gijón sigue el protocolo habitual: espera en el vagón y recepción con música de la banda Ventolín y protestas ciudadanas que responden a la actualidad política y social de Asturias y España. Este año toca la Ley Mordaza y una representación de asociaciones de enfermos de Hepatitis.

IMG_0384Tras un merecido descanso, que muchos aprovechan para ponerse al día con los que no han visto en meses, la expedición se dirige al Ayuntamiento, donde la concejala de Cultura Belén Fernández destaca la virtud del festival de sobreponerse a las dificultades que, cada año, le salen al paso, en forma de protestas vecinales, restricciones de horarios, amenazas de cierre y, aunque no lo nombren, trabas consistoriales. José Luis Paraja, responsable junto a Ángel de la Calle de la Semana Negra, es el siguiente en tomar la palabra, y habla del encuentro literario que los asistentes conocen y aman: un espacio abierto, de todos los gijoneses, los que lo son todo el año y los que adquirimos esa nacionalidad unos días al año, acogedor, crítico, con espíritu de superación y el deseo de seguir animando el verano, y el panorama literario, durante muchos años.

La ceremonia del corte de la cinta es, aunque protocolaria, algo más emotiva. Por fin puede darse por inaugurada la Semana Negra de forma oficial. Mañana las historias y los mundos recreados en los cientos y cientos de libros que durante años han salido de las mentes de los 158 escritores invitados de esta edición se convertirán en los verdaderos protagonistas. También lo serán las conversaciones improvisadas entre autores y lectores, las imágenes recogidas en las cuatro exposiciones que se muestran en el recinto, las anécdotas que, quién sabe, quizá se conviertan en el eje central de nuevas creaciones. Pero eso será mañana.

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