Después de una primera jornada plagada de tradiciones y actos protocolarios, el primer sábado de la Semana Negra suele marcar el ritmo de lo que será la cita. Comienza el trabajo en serio para escritores, periodistas y, sí, lectores. Porque sin ellos, sin su presencia y sus preguntas, sin su curiosidad y su cierta mitomanía, la Semana Negra perdería buena parte de su esencia.

A las once de la mañana comienzan las ruedas de prensa en su ubicación tradicional, el Hotel Don Manuel, sede oficiosa, u oficial, de las tertulias nocturnas, las entrevistas a traición y, en general, del descanso de los guerreros. Sandrone Dazieri es el encargado de inaugurar la temporada, presentando su novela No está solo, la primera de sus novelas en ser traducida al español. Pero no sólo de Colomba Caselli y Dante Torre, pareja protagonista de la obra, ocupa la conversación. Al fin y al cabo, esto es la Semana Negra. La novela negra como arma política, y las diferencias en el género entre países son algunos de los tópicos que se tratan durante la media hora que los medios tienen acceso en exclusiva al novelista italiano.
Sergio Ramírez y su reinterpretación de la historia de Sara, mujer de Abraham y protagonista de una de esas mini novelas de las que se compone la Biblia. Una historia de pasiones, obsesiones, sacrificios y, sobre todo, humanidad a raudales enfrentada a un poder invisible, intangible y, la mayor parte de las veces, incomprensible. La tercera protagonista literaria llega de la mano de Berna González Harbour, que en su tercera novela ajusta cuentas con la realidad y, en particular, con un capítulo de su vida que sirve como base de esta historia de pérdidas y regreso a las raíces.
Toca descanso hasta la tarde, aunque pocos son los que realmente se lo toman. Los periodistas aprovechan la pausa en la programación para asaltar a escritores en busca de una pieza interesante, una entrevista jugosa o, simplemente, una conversación distendida sobre la realidad que las dos profesiones, la de plumilla y la de novelista, viven en estos tiempos. Los escritores que quedan libres de un cierto acoso mediático discuten proyectos, ideas, y aprovechan para conocer mejor lo que se cuece fuera de sus círculos cercanos. Uno de los objetivos de Paco Taibo II al dar a la luz la Semana Negra fue la de convertirlo en espacio de intercambio donde las generaciones de escritores rompieran esa mala tradición de no leerse unos a otros. Y eso, sin duda, lo ha logrado.
Llega la tarde y con ella una programación cargada de cosas interesantes. No son pocos los que desearían tener el talento para estar en más de un sitio a la vez. La consolidación de la Carpa Biblioasturias como tercer espacio para el debate complica aún más las cosas, y despierta no poca admiración que el Festival pueda seguir creciendo año tras año a pesar de los recortes presupuestarios sufridos. Y que lo haga con la misma calidad de siempre.
Félix G. Modroño, Noemi Sabugal y Elia Barceló, esta y Rodolfo Martínez, Gabriela Cabezón, Gustavo Forero Quintero y Arturo Macía son algunos de los nombres que se pasean por las tres carpas desgranando sus últimos trabajos, su amor por el género y su pasión por su trabajo. O el de otros.
El lleno casi absoluto del día en la Carpa del Encuentro, la más grande de todas, corresponde en esta ocasión a un trío de ases del cómic. Miguelanxo Prado, Juan Díaz Canales y Teresa Valero conversan con Ángel de la Calle sobre sus procesos creativos y las novedades que tienen en marcha. Blacksad, Corto Maltés, De Profundis, Brujerías o Curiosity Shop son algunos de los títulos que van dejando caer ante un público cada vez más entregado, y que no duda en guardar cola cuando acaban sus intervenciones para conseguir una firma y un dibujo. Los tres cumplen con las expectativas de las decenas de personas que traen libros recién comprados, ediciones en las que se nota el paso del tiempo y hasta catálogos de la exposición que Semana Negra dedicó al gato detective de Díaz Canales en 2008. Premios Nacional de Cómic y premios Eisner (la noticia del último de ellos, para Blacksad, llegaba sólo unas horas antes), Migelanxo Prado y Juan Díaz Canales forman parte de la lista de imprescindibles en el cómic español actual.
La noche cae en un recinto que no se vacía. Los puestos de las librerías siguen emparejando títulos y lectores, como celestinas en temporada alta, pasadas las diez de la noche, y el anuncio de una nueva velada poética hace augurar un cierre tardío. Luis García Montero y Gioconda Belli son los encargados de amenizar una cita que goza siempre del favor del público asistente. Para que luego digan que la poesía es un arte minoritario e incomprendido. Aquí, como en tantas otras cosas, la Semana Negra rompe esquemas y prejuicios.


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