El filósofo de Bercy

21/07/2015

Por su lúcida anticipación de la actualidad publicamos de nuevo este artículo sobre Macron escrito por Luis Sánchez-Merlo en 2015 y publicado en diarioabierto.es.

bercyLuis Sánchez-Merlo. El Ministerio de Economía francés está en la margen derecha del Sena, cerca de la Ópera de la Bastilla y el Bois de Vincennes, en el 139 de la rue de Bercy. Su titular, Emmanuel Macron, tiene allí la oficina. Decía Montherlant que “toda superioridad es un exilio” y el ministro debe de sentirse bastante solo porque pasar de asistente de Paul Ricoeur -uno de los más prominentes pensadores de Francia- a asesor de François Hollande supone, sin duda, un salto importante en términos de ambición personal pero toda cara tiene su envés y el jefe del Estado francés no esconde su indiferencia hacia la literatura, la filosofía o las bellas artes, que no hacen sino distraerle de sus dos únicas pasiones: la política y el deporte.

‘Esto va a ser Cuba pero sin sol’

Cuando el Elíseo quiso imponer un gravamen del 75% a las grandes fortunas, provocando la huida y desazón de los patronos, encargó al ministro de economía que emplease sus buenos oficios para aplacarlos. Macron -que estaba convencido de la inviabilidad de la propuesta- descargó su ironía: “Esto del 75% va a ser Cuba pero sin el sol”. Un ingenio, más propio del filósofo que del político al uso. No en vano se doctoró con una tesis sobre Hegel.

El caso es que no solo consiguió tranquilizar a los barandas del dinero, sino que se convirtió en uno de los artífices del actual rumbo de la economía del gobierno socialista, en particular del llamado “Pacto de Responsabilidad”, que prevé reducir los impuestos a los empresarios (“no haremos una política en detrimento de los asalariados, pero hay que reconocer la necesidad de contar con un motor en la economía, y ese motor es la empresa”), lo cual les va a suponer a las compañías francesas una rebaja de 41.000 millones en impuestos y cotizaciones sociales.

Si a esto le añadimos que es partidario de revisar la ley que, desde hace quince años, ampara la reducción de la jornada laboral en Francia a 35 horas semanales, se pueden hacer una idea de lo sulfuradas que están las viejas estructuras sindicales del Hexágono.

Despertar la actividad

Probablemente nadie lo haya dicho antes tan claro. Despertar la actividad es un concepto simple que sintetiza las reformas en las que se ha embarcado Hollande -haciendo de la necesidad virtud- de la mano de su primer ministro, Manuel Valls -el barcelonés no partidario de la independencia de Cataluña- y de su joven ministro de economía.

Como era previsible, se ha encontrado con una formidable resistencia a la hora de confrontar las realidades políticas, sociales y jurídicas (´la vieille France’) en la hazaña de convertir ese principio, casi desnudo, en una ley que, aunque resulte indigesta, acaba de aprobar la Asamblea Nacional. A base de talento y reaños, se ha salido con la suya.

La política sin filosofía

Este joven zorro, rodeado de viejos lobos -que habla, sin esfuerzo, de Aristóteles, Descartes, Pascal o Kant y considera que la política sin filosofía no es más que cinismo y nihilismo- se proclama liberal y defensor del libre mercado y del restablecimiento de las finanzas públicas. Así que el ataque de los suyos (‘cuerpo a tierra que vienen los nuestros’) al social liberal no se ha hecho esperar:

  • ‘No es socialista’

A lo que la oposición replica:

  • ‘Para una vez que un hombre de izquierdas dice que un gato es un gato no le vamos a llevar la contraria’

Y como el establishment político no está acostumbrado a estas exquisiteces, ya hay quien se ha apresurado a ridiculizarlo como ‘representante de ese intelectualismo arrogante e ineficaz que hace reír al mundo entero’. El que así se recrea, se queda tan ancho, mientras se cisca en el joven reformador -37 años- que desde hace seis años no apoquina su cotización al partido.

Pero no vayan a sacar una impresión errada de este avispado enarca, que trabajó para Rothschild& Cie, con un sueldo diez veces superior al que percibiría después como secretario general adjunto en el Eliseo. La motivación que lo llevó a fichar por el exquisito banco francés la explicó con naturalidad: ‘aprecio mucho mi independencia”. Claro que antes había sondeado al astuto Alain Minc, quien le había aconsejado bien sobre el camino a seguir: ‘ganarás dinero y la libertad de dedicarte después a la política’.

Otro flanco -aprovechado por sus adversarios- para cebarse con él, por el inconfundible recorrido de un ‘oligarca’, que pasa de la banca al Elíseo y viceversa, algo muy sarkoziano.

Calvinistas vs cristianos

Hijo de un neurólogo y casado con una profesora de gramática, veinte años mayor, el ministro-filósofo-banquero, que estudió en los jesuitas antes de hacer SciencesPo y el ENA en París, explica los avatares de Europa por la falta de confianza entre los países: calvinistas vs cristianos. Según él, Grecia se equivocó al aprovecharse de la generosidad de sus socios, pero ya ha sufrido demasiado por ello, por lo que “sería un error histórico castigar a los países por sus errores”.

El joven ministro se ha convertido, como es fácil imaginar, en alguien polémico al que los adversarios reprochan sus disquisiciones filosóficas, mientras el severo Le Monde le considera un hombre ‘superlativo’, y destaca su talento y capacidad de seducción. Un presidenciable, como ha pronosticado Jacques Attali, que fue quien lo introdujo en el círculo de Hollande.

La transformación ideológica de la izquierda

Al tiempo que se declara dispuesto a influir en la transformación ideológica de la izquierda,  manifiesta –con léxico nutritivo y sin pelos en la lengua- sus opiniones sobre las pequeñas miserias de los partidos: “tener un carnet, pagar la cotización, adherirse a los jefes, mostrarse de acuerdo con el corpus ideológico plagado de malentendidos en un momento en que las ideas han sido abundantemente abandonadas por los partidos”, o el engranaje social: “la sociedad respira mejor cuando cada uno triunfa en función de sus méritos y cuando el Estado está presente en los momentos duros de la vida”.

Un impaciente, que detesta los conflictos y habla sin miedo escénico de Merkel : ”Quiere bailar el tango contigo y piensa que es ella quien debe meter la pierna derecha. Nosotros pensamos lo mismo”. Siempre por delante de su carnet de identidad, como relata un compañero del liceo: “Tenía una madurez increíble para su edad; era amigo de todos los profesores y no tanto de los alumnos. Un día me comentó que le aburríamos”.

Un espécimen diferente, que recuerda a Pompidou, y que aporta aliento intelectual, indispensable para no desvanecerse en el aire viciado de los sondeos, los tuits y los likes.

Amable lector, anote este nombre, Emmanuel Macron. Sus próximos lo llaman Manu.

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