Corazón de león

25/07/2015

Joaquín Pérez Azaústre.

Es español y ha pagado 50.000 euros por matar un león en la reserva de Hwange, en Zimbabue. Del cazador, de este asesino, sólo sabemos esto. Sin embargo de Cecil, el león insignia de melena oscura, con trece años de vida, líder de una manada con tres leonas y siete cachorros, sabemos algo más. Sabemos, para empezar, cómo se ha revelado el crimen indignante, la herida sufriente sobre el sol de la tierra: primero destruyeron su collar de seguimiento y después le hicieron salir del parque, con el cebo de un animal muerto. Es la reconstrucción policial, tras haber encontrado su cuerpo sin piel, y también sin cabeza. Sabemos, también, que algún hijo de perra, de hombría menesterosa, la podrá exhibir ahora en el salón de casa sin demasiada dificultad, porque España se mantiene a la cabeza de los países europeos en la importación de trofeos de león desde Sudáfrica: hablamos de casi 450 cabezas entre 2007 y 2012. Hablamos del astro rey, de este ejemplar magnífico de la naturaleza, de la grandiosidad que permanece en su frágil peligro de extinción, porque una legión de miserables sigue pensando que su masculinidad pueril consiste en matar a una criatura que vale más que ellos, que representa y es mucho más que ellos, porque es una nobleza descarnada y pura.

Con trece años, era el león más grande de toda la región. Las autoridades tratan de descubrir la identidad del cazador: “Le dispararon por la noche con arco y flechas para no hacer ruido y estuvo desangrándose hasta que lo remataron con rifles por la mañana. Podría considerarse una caza furtiva”, ha explicado el matrimonio formado por Luis y CJ Muñoz, de Chelui4lions, que colaboran con varias ong surafricanas y españolas y con la británica Born Free. También que desde comienzos de 2015 hace falta un permiso de importación para traer trofeos de caza a los países de la UE. Pero es que no debiera ser legal, porque se está arrasando un ecosistema, todo un legado enérgico de sangre, de belleza salvaje y ambición por un mundo que guarde su riqueza.

Luis y CJ Muñoz afirman que “Nos avergonzamos de que en España haya locos y ricos que pagan lo que sea para darse el placer de matar a animales salvajes como los leones”. También yo siento náuseas al saber que esa estampa majestuosa, libre y limpia, de un león guardando su manada, es engañado suciamente, es despellejado y decapitado para que un pobre imbécil con dinero pueda presumir con amigos malvadamente tontos, como él, mientras toman un whisky y sueñan con hazañas asquerosas, con la putrefacción de la aventura. Más allá de su hortera mediocridad está la estupidez supina, la inmortal estulticia, de confundir el legado de un reinado animal con la decoración de andar por casa. Gente asquerosa, gente lamentable, y una legislación europea aún más asquerosa, aún más lamentable, que todavía lo permite. Ahora, al escribir, pienso en un corazón de león ardiente sobre las verdes colinas de África.

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