Insulto a la inteligencia de jóvenes y adultos

15/08/2015

Maite Vázquez del Río.

Una vez más se confirma que los políticos nos tratan como a borregos y se creen que somos tontos. La penúltima ‘fechoría’ política ha sido protagonizada por el director general del Instituto de la Juventud, el Injuve, Rubén Urosa Sánchez. ¿Les suena el nombre? Hasta ahora había pasado desapercibido, pese a que uno de los principales problemas de España es la situación de los jóvenes y esa tasa de más del 50% de paro que padecen.

Pero no, Urosa Sánchez se ha dado a conocer en este caluroso verano por su insultante y provocadora afirmación de que los jóvenes no sufren precariedad. ¿En qué país, provincia o calle vive el señor Urosa? Parece extraterrestre y, desde luego, no se merece el cargo que ocupa. Más que nada porque en primer lugar el director del Injuve debe respetar a quienes representa y no considerarles como si fueran bobos.

Todo ha sido por asegurar que los jóvenes que no son contratados y que se ven obligados a darse de alta como autónomos cobrando lo que cobran y trabajando las horas que trabajan para una sola empresa, lo hacen porque quieren. ¡Como si se pudiera elegir! Esta afirmación muestra una ignorancia supina de quien, o bien, no conoce la realidad –entonces qué hace dirigiendo el Injuve-, o bien, no quiere enterarse, luego puede estar ocupando el cargo para como otro político ha dicho recientemente no pegar palo al agua, por decirlo más sutilmente.

Partiendo de su tesis ahora se entiende por qué desde el Injuve no se hace nada para que los jóvenes que logran un trabajo precario no puedan tener futuro ni salir de la explotación a la que se encuentran sometidos. Claro está que tampoco puede desdecir a los miembros del Gobierno, ese mismo que le ha puesto a dedo –no creo que por su valía y actitudes- para dirigir el Instituto de la Juventud. La entonces ministra Ana Mato, ya dimitida, le colocó en el puesto.

El brillante Urosa ya había dicho hace un año que en España no hay fuga de cerebros sino movilidad laboral. ¡Vaya lumbreras! Ahora resulta que tampoco los jóvenes padecen precariedad, aunque sus empleos sean temporales. Hay que ser cínico y mentir de forma descarada sin que por ello pase nada. ¿Por qué no investiga la duración y salario de esos contratos temporales o por qué los empresarios obligan les obligan a darse de alta cómo autónomos? Tal vez así podría aprender qué es lo que les pasa a los jóvenes que representa. Lo tiene fácil, seguro que en su instituto existe esa larga lista de jóvenes que buscan empleo o han encontrado un empleo temporal.

Que les pregunte y haga sus estadísticas, las reales. La OCDE ya ha hecho las cuentas, con los datos que le llegan ya ha confirmado que en España hay un 26% de jóvenes que ni estudian ni trabajan, ‘ni-nis’. Pero Urosa enmienda al organismo internacional y rectifica el dato hasta bajarlo al 3%. ¿Habrá hecho su encuesta entre los miembros de su familia? Para él, dejan de ser ‘ni-nis’ si se ayuda a las tareas domésticas. ¿Qué ocurre, que si un joven se hace la cama ya no trabaja o estudia cómo no dejar ni una arruga?

Por si acaso se quiere enterar. Más del 50% de los jóvenes está en paro. Y el 53% de los que trabajando tienen contrato temporal. Sólo basta saber qué tipo de contratos encuentran cuando desde el propio INE se confirma que el 90% de los contratos que se han firmado este año son de carácter temporal. Y que por lo que remiten los sindicatos desde su propia experiencia en las empresas: hay explotación laboral o se les obliga a darse de alta como ‘falsos’ autónomos.

También debería repasar cómo estaban los jóvenes cuando llegó a su poltrona y cómo están tres años después: la temporalidad juvenil se ha situado en el 53%, más del doble de la media europea, y seis puntos más que cuando llegó; que hayan aumentado un 28% los contratos a tiempo parcial porque siete de cada diez jóvenes se han visto obligados a firmar ese tipo de contrato porque nadie les ofrece un contrato a jornada completa.

Y también adentrarse en la evolución de los salarios de los jóvenes. La Agencia Tributaria ha constatado un descenso continuado de las retribuciones a los jóvenes: Si el salario medio anual es de 18.505 euros en España, el de los jóvenes españoles es de 6.044 euros (entre 18 y 25 años) y de 14.555 euros, entre los 26 y los 35 años.

Y si no entiende los datos, tal vez sea un problema de entender lo que es la precariedad. En este término se engloba que los jóvenes son obligados a darse de alta en la Seguridad Social, o a trabajar como becarios realizando las mismas labores que un trabajador, y hasta sin cobrar con la ‘promesa’ de que con el paso del tiempo será contratado. Trabajan igual, cobran menos o no cobran, se les reconocen jornadas inferiores a las que realizan, se les cambia su horario sin previo aviso o se les despide sin más. En CCOO van más allá y hasta incluyen este 36,4% de jóvenes entre 16 y 29 años que se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social.

Lo dicho, un insulto a la inteligencia de todos, jóvenes y adultos, señor Urosa.

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