La caída en picado del precio del crudo -que ha pasado en un año en el caso del Brent (referente en Europa) desde los 103 dólares el barril a los 43 dólares-, parece que no es coyuntural. Los pronósticos de los expertos y de algunos de los países productores apuntan a que tanto el Brent como el West Texas (petróleo de referencia en Estados Unidos) se mantendrán en niveles similares a los de las últimas jornadas -es decir, en el entorno de los 40 dólares en los próximos meses-.
A favor de esta tesis se detectan varios factores, ya sea por el exceso de oferta como por la trayectoria de una demanda marcada por la debilidad y por la apuesta de países hasta ahora fuertemente consumidores por otras energías. Pero el factor más decisivo, tanto en la caída de las cotizaciones desde agosto del pasado año como para las perspectivas a medio y largo plazo, es el aumento de la producción. Las estadísticas muestran que si Arabia creía que iba a dificultar con su estrategia el acceso al mercado petrolífero a países con costes más elevados de extracción y tecnologías, como el fracking, ha acertado a medias.
Si bien es cierto que algunos productores atraviesan graves dificultades, también lo es que el recorte de los márgenes se está traduciendo en aumento de la producción, ya sea procedente de Estados Unidos como de Rusia, por sólo citas algunos de los grandes. Son muchos los países con economías muy dependientes de las exportaciones de petróleo, aspecto que casi les impide reducir el bombeo con el objetivo de que los precios no prosigan a la baja y se muevan con una elevada volatilidad.
Lo mismo ocurre con las grandes corporaciones, que basan su estrategia en la reducción de las inversiones con el fin de controlar los costes e intentar que el crudo cambie el rumbo actual aunque sea en un plazo de uno o dos años. Si se reducen las inversiones en los proyectos más costosos, como de hecho está ocurriendo, es probable que más adelante la producción descienda y, por tanto, se alcance una mayor correlación entre la oferta y la demanda, pero ese escenario no tiene de momento fecha.
Y ahora a la espera del fin de las sanciones a Irán -que se traducirá en otro operador inundando el mercado- la crisis de China no hace augurar que la estabilidad vaya a llegar de la mano del aumento de la demanda.
A los datos acumulados desde septiembre del pasado año hay que añadir los de las últimas jornadas. Asi, el Brent registra este lunes 24 de agosto su precio más bajo de los últimos seis años y medio. El crudo europeo se desploma más de un 5% hasta los 43 dólares. Y el West Texas se deja más de un 4,5% y cotiza a 38,51 dólares a primera hora de la tarde el lunes, perdiendo los 40 dólares.
En este escenario se refuerzan los movimientos para presionar a Arabia – el líder de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP)- para que acepte la celebración de una cumbre de emergencia en la que se trate de medidas para acabar con la trayectoria de los precios. El ministro de Petróleo de Irán, Biyan Zanganeh, ha señalado que sería eficaz»para detener el actual desplome. Estas declaraciones se unen a las presiones, sin éxito, de países, como Argelia o Venezuela, cuyas economías están asfixiadas.
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