Los mercados de valores de todo el mundo han sufrido hoy un descalabro que bien puede llevar a calificar la jornada como un «lunes negro». Las pérdidas se han adueñado de los parqués desde que en la madrugada europea el índice de la Bolsa de Shanghai se viniera abajo como un castillo de naipes.
El Dax alemán se ha dejado un 4,70%, el Ibex español ha caìdo un 5,01%, el CAC francés un 5,35% y el Eurostoxx otro 5,35%. En el caso del Mib italiano, las pérdidas fueron del 5,96% al cierre, pero a lo largo de la sesión casi la mitad de los componentes del índice tuvieron su cotización suspendida por rebasar el límite diario de bajada.
Estos guarismos hablan por sí solos de la intensidad de las caídas, debidas en buena medida al regreso vacacional de los «números uno» de las gestoras de fondos y brokers y demás gente del negocio que maneja los grandes flujos de dinero que lo primero que han hecho es «borrón y cuenta nueva».
Las causas hay que buscarlas de nuevo en China y en los efectos colaterales de la devaluación del yuan llevada a cabo por las autoridades de ese país hace unos días. De una parte, supuso la formación de que las cosas están muy mal, peor de lo que nadie esperaba desde fuera. De otra parte, ha puesto en pèrdidas al capital extranjero y si no hay nada en el horizonte que permita pensar en una recuperación rápida de estas pérdidas, y ante la ausencia de noticias y la constatación de que los movimientos llevados a cabo por las autoridades no son suficientes para frenar la sangría, el dinero extranjero se repliega.
Supongo que a estas alturas nadie pensará que en la Bolsa china invierte la clase media china. Lo que hay allí es capital extranjero, profesional, a mansalva. Y el inversor profesional no duda en cortar pérdidas de inmediato porque sabe que es bastante mejor que quedarse atrapado en un futuro incierto.
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