La foto de Aylan no sólo ha dado la vuelta al mundo si no que ha forzado a los gobiernos a reaccionar. La sensibilidad de los ciudadanos de las democracias europeas ha podido más que las innumerables “reuniones urgentes” a quince días vista de los responsables de la Unión Europea que semana tras semana van dejando el tema sobre la mesa cuando no piden medidas más restrictivas en sus fronteras.
La dramática instantánea de la fotógrafa Nilüfer Demir tuvo la fortuna que acaparó las portadas de los diarios del primer mundo e hirió la sensibilidad de los ciudadanos que eran conscientes que esta imagen sólo era una de las miles que se podían tomar igual de dramáticas en las costas italianas, griegas y andaluzas, Sirvió para volver a sensibilizar a muchos que se habían acostumbrado por su reiteración a imágenes similiares (recuerdo la foto de una pareja disfrutando del sol en una playa andaluza a pocos metros del cadáver de un emigrante)..
El cambo de camisa de España ante esta tragedia ha sido espectacular. Incluso tras aparecer la foto de Aylan tanto el ministro del Interior como el de Exteriores aseguraban que España tenía una capacidad de solidaridad limitada y regateaba sobre la cifra de refugiados que podían acoger. Era su filosofía y como prueba de ello es el trato que se dan a los subsaharianos que llegan a las costas andaluzas y la falta de sensibilidad ante los indocumentados –muchos de ellos arraigados en España desde hace años- que no dudan en internarlos en unos siniestros y opacos CIES y no les tiembla la mano en destrozar familias con las deportaciones.
En el mismo saco del cinismo de los actuales gobernantes cabe poner la negación de la atención sanitaria a los sin papeles. Los nuevos ayuntamientos han forzado al Gobierno a replantearse la situación y se lavan la cara con una solución-trampa.
En este cambio de chaqueta –espectacular con los emigrantes sirios- Rajoy pretende ser el abanderado de la solidaridad y sus acólitos con la misma firmeza que antes decían “diego” ahora dicen “digo”.
Ha tenido que ser la presión de los ciudadanos ante la brutal imagen de una foto la que ha impulsado a los gobiernos a cambiar de actitud (supongo que a base de las encuestas que les sirven para tomar decisiones).
Por una vez la muerte de un niño no ha sido inútil y ha contribuido a salvar muchas vidas. Ello me trae a la memoria unos versos de Salvador Espriu que dicen que “a veces es justo y necesario que un hombre muera para salvar un pueblo, pero nunca todo un pueblo ha de morir para salvar a un solo hombre”.
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