Lo que no se evalúa, se devalúa

07/09/2015

Miguel Ángel Valero.

Nadie tiene por qué dudar respecto a que la responsabilidad social constituye para las empresas una de sus prioridades, sin olvidar que lo primero es el beneficio. Ese acento social es aún más patente entre las empresas familiares. La responsabilidad social empresarial es uno de los pilares “esenciales” para el desarrollo y la sostenibilidad de estas organizaciones, según el 87% de los empresarios  que han contestado a la encuesta realizada por la Asociación para el Desarrollo de la Empresa Familiar de Madrid (Adefam).

Lo más importante, sin embargo, es otro dato: el 82,61% de las empresas familiares de Madrid coinciden en la necesidad de que todas adopten modelos de responsabilidad social, sin importar su tamaño o quiénes sean sus propietarios.

También es muy relevante que califiquen de “fundamental” la necesidad de medir tanto el impacto social (así lo asegura el 65,22% de las empresas familiares de Madrid) como el económico (como afirma el 52,17%) que se deriva de su puesta en marcha.

Porque es obvio que lo que no se evalúa, lo que no se mide, termina devaluándose.

El 78% de las empresas familiares de Madrid realizan actividades relacionadas con la responsabilidad social, fundamentalmente centradas en la salud y la educación, que suman un 50%. La cooperación al desarrollo recibe un 17%; el desarrollo empresarial y económico, el 13%;  y la captación de fondos para ONG, el 8,5%.

En cuanto a las personas directamente beneficiadas de la acción social de estas empresas familiares, en más de un 70 % de los casos son niños, mayores, mujeres y colectivos excluidos o en riesgo de exclusión social.

Cerca de un 30% de las empresas familiares involucran a sus propios empleados en el desarrollo de acciones de responsabilidad social. Y un 22% hace lo propio con sus clientes.

Pero la encuesta pone de manifiesto que, si bien las empresas familiares parecen sensibilizadas con el concepto de responsabilidad social y con su capacidad transformadora, tanto en el entorno social como en el seno de las propias organizaciones, tienen todavía mucho camino por recorrer en el ámbito de la gestión de ésta.

Necesitan dotarse de modelos y sistemas que favorezcan la implantación de esa acción social, que aseguren el control de su desarrollo y, sobre todo, que sean capaces de medir su impacto, tanto fuera como dentro de la empresa.

Buena prueba de ello es la diversidad de iniciativas de responsabilidad social que llevan a cabo las empresas, sin que exista consenso sobre un paradigma de buenas prácticas.

Las empresas familiares madrileñas son al menos sinceras. Más del 70% reconocen que su modelo de responsabilidad social no está profesionalizado.

Esa falta de gestión profesionalizada de esas actividades se percibe en las respuestas sobre el impacto de la acción social de las empresas familiares. Más de un 44% afirman que ha sido “alto” o “muy alto”, mientras que un 28% considera que ha sido “moderado”.

Prácticamente todas reconocen que se trata de un percepción subjetiva, que no está apoyada por un modelo profesional de medición del impacto de sus iniciativas de responsabilidad social empresarial.

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