Petróleo más barato, pero gasolina igual de cara

11/09/2015

Maite Vázquez del Río.

No hace falta investigar mucho en la hemoroteca sobre cómo ha ido evolucionando el precio del petróleo y cómo se ha trasladado al precio de los combustibles que se repostan en las gasolineras españolas. Nuestros bolsillos saben que pese a que el petróleo esté bajando, seguimos pagando más de lo que cae el precio internacional del petróleo.

Desde que en 2012 se subió el IVA, que también afecta a las combustibles, el Gobierno está con la mosca detrás de la oreja; los ciudadanos llevamos décadas con colmenas de abejas. Desde el Ministerio de Industria se intentó advertir a las compañías petroleras que no se pasasen con los precios, y Competencia empezó a investigar por qué mientras los precios de la gasolina/gasóil despegaban como cohetes cuando el barril de Brent subía, cuando ocurre todo lo contrario, la bajada de los precios en los surtiores es como una caída de una pluma, lentos y realmente sin que se deje notar el peso de la caída.

No nos engañemos. El mismo Gobierno que pone el grito en el cielo por ese comportamiento, poco dice sobre que el 54% del precio de la gasolina son impuestos y, en el caso del gasóleo, los tributos representan el 48% de la factura que paga el consumidor. Sí, sí. Es verdad. En España los carburantes están gravados por tres tipos de impuestos: el Especial de Hidrocarburos (que supone 0,465 euros del precio que pagamos) , que es el principal, el IVA (alrededor de 0,3 euros, dependiendo del precio del combustible) y el Impuesto sobre ventas minoristas de determinados hidrocarburos.

Pero ya antes de pagar esos impuestos, la configuración del precio de la gasolina ha sufrido alguna variación: el 42,65% del precio lo fija la cotización internacional del producto. A ese porcentaje se suma un  9,06% de los costes fijos de logística y comercialización, la amortización y las remuneraciones tanto de minoristas como de mayoristas. Y en el caso del gasóleo (A o diésel), el precio real sería el 47,54% del total.

Tampoco hay que olvidar el céntimo sanitario ya eliminado y demás costes por contaminación o finalidad de la administración autonómica o local.

Pese a todo el 23 de julio pasado, la Agencia Internacional de la Energía (AIE), organismo encargado de coordinar las políticas energéticas de los países que componen la OCDE, pidió a España que elevara los impuestos sobre los carburantes a fin de reducir su uso y contaminación.

En esos momentos, el barril de Brent se aleja de nuevo de los 50 dólares ante las previsiones bajistas que baraja Goldman Sachs, que es la agencia de inversión más influyente en el mercado de materias primas.

Claro de Goldman Sachs se preocupa de los inversores, no de los consumidores. Le da igual lo que paguemos por litro de combustible, que es lo que a nosotros nos preocupa. Y de nuevo veremos como los precios que fijan las gasolineras no están en consonancia con lo que vale la materia prima en los mercados.

Pese a las advertencias de la CNMC y sus posibles multas, mientras éstas llegan las compañías suministradoras imponen su ley, bajo criterios -según ellos- legítimos, pero fuera de toda lógica porque el precio debería ser mucho más barato y sin embargo, pagamos igual de caro por él. ¿Cuánto pagaríamos si llegara a bajar el barril de Brent a los 20 dólares como vaticina Goldman Sachs en su escenario más pesimistas? Hay que estar atentos, sobre todo Competencia, para que se acabe con tanto atraco a mano armada.

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