Aseguran que Franco recibía algunas visitas en un despacho pleno de dossiers y les indicaba que todo aquello eran problemas, la mitad son irresolubles y la otra mitad se resuelven solos.
No sé si es cierta esta anécdota pero no sólo podría ser verosímil si no además se podría aplicar a Mariano Rajoy. El inconveniente de la máxima es que si los problemas no se atacan de raíz, lejos de solucionarse por si solos, crecen de manera insospechada y es lo que ha sucedido en Catalunya. Rajoy negó que se celebrara un referéndum, pero las urnas existieron y más de dos millones de votantes votaron. Lo despreció y ridiculizó de la misma manera que antes el Tribunal Constitucional (previa campaña del PP) desestimó el voto de los catalanes en el referéndum sobre el Estatut.
Mas recibió un sonoro portazo cuando ganó unas elecciones con la demanda programática del pacto fiscal. El sistemático “no” convirtió a CDC en un partido independentista y la política de mano dura de los populares (con el respaldo de no pocos barones socialistas, todo hay que decirlo) ha llevado a la actual situación.
Seguro que todo el mundo tiene sus razones y seguramente nadie tiene razón, pero las cosas son como son y no como a algunos les gustaría que fueran. Ahora estamos en campaña y hay un discurso secesionista sólido mientras enfrente hay un grupo de partidos que sólo pugnan para llevarse la parte del pastel de los unionistas. El aterrizaje de los dirigentes de los partidos estatales estos días es continúo pero sus contactos con los catalanes se reducen al pequeño grupo de fijos amplificadas por los medios de comunicación. El resto de formaciones tiene una mayor audiencia, tanto los socialistas (que han cedido el protagonismo de la campaña a Pedro Sánchez en detrimento del candidato bailarín Miquel Iceta) como la pizpireta Inés Arrimadas que –acompañada por Albert Rivera) está ganando espacio en este sector, mientras que los émulos de Pablo Iglesias parece que los resultados que están lejos de repetir los resultados que lograron en el Ayuntamiento de Barcelona.
No este tiempo de mítines de masas y el voto es individual y además los electores lo han de apostar todo a una carta sin que quepan maticen. La gran manifestación de la Diada puede ser sólo un termómetro al igual que los sondeos, pero la demoscopia hecha pública no parece que tengan mucha credibilidad cuando no son contradictorias. Una encuesta, si se hace pública, es para influir en el electorado y si es interna sirve para que los interesados puedan tomar decisiones.
La cocina de la encuesta del CIS ha sido contestada por determinados medios mientras circulan otras encuestas privadas que dan a la lista independentista unitaria una holgada mayoría absoluta e incluso aseguran que los que optan por la secesión podrían superar el cincuenta por ciento de los votantes.
De aquellos polvos (sucesivos agravios) vienen estos lodos y tantos han avisado desde hace tanto tiempo que viene el lobo sin que les hicieran caso que ahora quizás el lobo puede venir sin que ellos realmente se enteren.
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