Es cierto que el discurso del Papa Francisco el sábado 12 de septiembre en el Aula Pablo VI del Vaticano iba dirigido a los consejeros, directivos y trabajadores de la Banca de Crédito Cooperativo de Roma con motivo de su 60 aniversario. Muchos de los bancos cooperativos y de las cooperativas de crédito y cajas rurales, incluso en alguna caja de ahorro (desgraciadamente prácticamente desaparecidas en España y en otros países europeos) fueron fundados por la Iglesia, sacerdotes, comunidades religiosas o de seglares, o por laicos.
Pero harían muy mal los banqueros, y también los bancarios (los trabajadores de las entidades financieras), en no darse por enterados simplemente porque el Papa hablaba a la banca cooperativa (que supone el 20% de toda la existente en Europa).
El Obispo de Roma exige a los banqueros (y a sus empleados) a poner siempre en el centro de la entidad financiera a la persona y no al dinero. Lo que se traduce en “un uso solidario y social del dinero”, “hacer crecer la economía de la honestidad” y luchar contra la corrupción para que exista “una globalización de la solidaridad” y una economía humanizada.
Algo especialmente necesario “en este tiempo en el que el aire de la corrupción impregna todo”. El Papa va más allá y les dice a los banqueros que “no solo les he pedido ser honestos, que es normal, sino difundir y radicar la honestidad en todo el ambiente, una lucha contra la corrupción”.
Francisco reclama a la banca preocuparse “de la relación entre la economía y la justicia social, manteniendo en el centro la dignidad y el valor de las personas y no al dios dinero”. Lo que supone “facilitar y animar la vida de las familias” y evitar que la gestión de los bienes comunes “se conviertan en propiedad de pocos con objeto de la especulación”.
Recuerda, de paso, que “naturalmente, la sana y prudente gestión vale siempre y es para todos”.
Exige que “no mande el capital sobre los hombres, sino los hombres sobre el capital”. Este mandato implica “hacer juntos y hacer por los otros”. También, “unir la eficiencia con la solidaridad”. Y “no cargar con el peso a instituciones y sobre el país cuando se pueden afrontar los problemas con las propias fuerzas, con responsabilidad”.
Les pide hacer crecer a las empresas que “den ocupación para sostener a las familias”, con un argumento de peso: “sobre todo para dar la oportunidad a cada hombre y cada mujer de que tenga dignidad, esa dignidad que da el trabajo”.
“Que quede claro, no les pido dinero, les pido oraciones por mí”, concluye el Papa, a quien sólo se le puede reprochar en su discurso que no hiciera referencia alguna a qué hace el Vaticano con un banco y a sus planes con tan polémica entidad financiera.
Aviso Legal
Esta es la opinión de los internautas, no de diarioabierto.es
No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
Su direcciónn de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.