En el séptimo aniversario de la quiebra de Lehman Brothers, merece la pena pensar
en qué ha cambiado y qué no desde entonces. La caída de Lehman fue claramente
una oportunidad para lidiar con el exceso, las estructuras laxas y la falta de enfoque
en la productividad, sin embargo, se ha convertido en un catalizador para que los
políticos no hayan tomado otra actitud que no sea la de “alargar y disimular”.
Alargando, mediante la compra de más tiempo, y fingiendo, al afirmar ser creíble en
sus no- soluciones.
Los políticos reaccionaron al crecimiento y al déficit de sentimiento con un mayor
gasto fiscal y cuando ese dinero se acabó, obligaron a sus bancos centrales a
imprimir dinero, mucho dinero.
La respuesta no fue un cambio del orden económico mundial, sino más de lo mismo,
haciendo caso omiso de la extrema necesidad de hacer reformas, rendir cuentas así
como invertir en las personas y en la productividad.
Los consultores McKinsey & Co publicaron un informe sobre la deuda y el
apalancamiento a principios de este año, llamado: «Deuda y (no mucho)
desapalancamiento». En este informe se muestra cómo desde la caída de Lehman, la
deuda global ha aumentado en la impresionante cifra de 57 trillones de dólares, o el 17% del PIB.
No nos «recuperamos», nos limitamos a «empeñar» el crecimiento futuro mediante
préstamos de futuro, resultado de lo cual estamos viendo el mayor y lento
machaque al PIB mundial, que cada año disminuye relativamente tanto que incluso
un economista Nobel parece pensar que nos encontramos en un «estancamiento
permanente».
Los bancos, los políticos, así como los bancos centrales han creado la “Trinidad
Profana”, donde cada institución depende de la otra para mantener el poder. Pero
nadie puede darse el lujo de hacer frente a la realidad y detener el carrusel de la
mala inversión y exceso de atención depositada en la política monetaria, a pesar de
que ni la historia ni la práctica tiene ninguna evidencia de que la “trifecta” pueda
hacer frente al crecimiento, al empleo o la productividad. En todo caso, la prueba
demuestra lo contrario.
Lehman podría haber sido una «crisis real», un cambio real, un propio cambio de
paradigma. Pero en vez de ello, solo se nos ocurre comprar tiempo, la única cosa
que no debemos comprar. Los últimos siete años se han convertido en tiempo
perdido ya que la economía y la sociedad han entrado en un punto muerto.
Las elecciones a lo largo de Europa nos muestran cómo el tejido social está bajo
ataque, y la falta de empleo, la innovación y el crecimiento son el resultado final de
este experimento de inutilidad.
En los próximos siete años, el coste de capital se elevará, la eliminación de la
inversión no productiva probablemente dañará a los mercados de valores, que se
convirtieron en activos refugio en los años de vacas gordas o en el escenario de
“extender y disimular”. Pero eso es una buena noticia. El componente salarial del
PIB es el más bajo de la historia, la productividad también se encuentra en los
niveles más bajos que se recuerdan… ¿cuál es la solución?
Voy a retomar, humildemente, mi teoría sobre el Triángulo de las Bermudas de la
Economía, donde está claro que al detener el experimento monetario de ayudar al
20 % de la economía – bancos y negocios propiedad del Gobierno – el 80% restante
obtendrá más crédito, más barato y a su vez crearán más puestos de trabajo a
través de aumentos en la inversión, en las personas y en la tecnología.
Sí, la buena noticia es que es así de simple; la mala noticia es que la Trinidad
Profana quiere mantener el poder y el centro de atención hasta que sea demasiado
tarde.
El futuro está en la realidad. La realidad del desafío de reformar para ser
productivos de nuevo, aceptar el fracaso es parte del éxito. Tras siete años de la
quiebra de Lehman Brothers, deberíamos recordarlo en la historia como el ejemplo
perfecto de cómo no se deben hacer las cosas. También será el momento menos
productivo; un momento en el que la actualización del propio perfil en Facebook ha
llegado a ser más importante que la familia, la escuela y cumplir con tus amigos. Un
universo paralelo donde la realidad está en el otro lado de tu vida online.
La realidad está cerca como se puede ver por el aumento de la volatilidad, que es
un signo de un sistema al que se le está acabando el tiempo. El juego de las sillas
ha comenzado; el gran riesgo es que cuando la música se detenga, no solo habrá
desaparecido una silla, sino que lo habrán hecho cuatro o cinco.
No obstante, este movimiento hacia el otro lado, la realidad, traerá décadas de
prosperidad, ya que de nuevo volveremos a centrarnos, empezaremos a tratar el
verdadero problema: demasiada deuda y muy poca inversión en las personas. No
hay que temer al ciclo de siete años que termina – los años de vacas gordas estaban
llenos de azúcar – ahora viene la proteína.
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