Rajoy triunfant

30/09/2015

Luis Díez.

Quien haya prestado atención a la interpretación que realizó el jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, ante el pleno del Congreso sobre los resultados de las elecciones catalanas del 27 de septiembre, habrá sacado la conclusión de que este hombre es un ganador nato. En efecto, en respuesta al diputado de Unió Democrática de Cataluña (UDC) –la formación democratacristiana desgajada de Convergencia y reducida a la nada en el Parlamento catalán– Josep Sánchez Llibre, el presidente no ocultó su satisfacción porque quien convocó los comicios como un plebiscito “ni tenía el respaldo de la ley ni ha tenido el de los ciudadanos”. Sin duda cuando Grahan Greene escribió su novelita El que pierde gana, ya estaba pensando en Rajoy. No importa que su partido, el PP, haya perdido ocho de los 19 diputados que tenía, lo importante es que las formaciones no secesionistas se han alzado globalmente con el triunfo por más del 52% de los votos en unas elecciones autonómicas con la mayor participación de la historia (el 77% de los 5,5 millones de electores) y que a la hoja de ruta de Artur Mas, al que Rajoy tuvo buen cuidado de no citar por el nombre –le llamó “ese señor”– le ha salido un desvío con un letrero que dice: “A tu casa”.

Tan satisfecho parecía el presidente del Gobierno que se tomó a beneficio de inventario la petición de Sánchez Llibre de que “no siga apostando por los tribunales” (contra Mas), “baje del burro y haga una propuesta como estadista”. Para Rajoy lo más importante ahora es que los tribunales, el Tribunal Superior de Cataluña en este caso, rematen su trabajo contra quien ha querido liquidar principios básicos como la unidad e integridad de España y la soberanía nacional. Rechazaba de este modo la posibilidad de retirar la querella contra el presidente catalán en funciones y dos antiguos subordinados por haber convocado la consulta del 9 de noviembre de 2014. Como se sabe, la querella contra Mas fue presentada por la Fiscalía del Estado a instancia del Ejecutivo y supuso la dimisión del fiscal general, Eduardo Torres Dulce.

No entró Rajoy en disquisiciones sobre la judicialización de la política ni sobre la aberración que supone la criminalización de un acto democrático por más que luego, en respuesta al socialista Pedro Sánchez admitiese que “tenemos el problema de Cataluña y con diálogo y fineza lo iremos resolviendo”. ¿A qué fineza se refiere? No lo sabemos. Lo suyo ha sido trazo grueso y el palo y tente tieso. Y el mantenimiento de esa querella que obligará a “ese señor” a comparecer ante los jueces por cuatro supuestos delitos nada menos, no solo demuestra la falta de generosidad del gobernante Rajoy hacia el derrotado Mas –ni siquiera podrá ser investido presidente por la negativa de la CUP a votarle–, sino, sobre todo, la falta de inteligencia política. Nadie duda de que la querella y hasta la fecha elegida para su comparecencia ante el alto Tribunal de Justicia –el 15 de octubre, 75º aniversario del fusilamiento del presidente catalán Lluis Companys por orden del dictador Francisco Franco– fortalecerá a Mas e indignará todavía más a los dos millones largos de catalanes que participaron en la consulta.

Con razón Pedro Sánchez describió gráficamente la incapacidad de Rajoy para ver los problemas y aportar soluciones apelando al último video de campaña en el que “usted aparece –dijo– como un político paralizado, con los ojos asombrados y con la mente en blanco”. “Yo me comprometo a resolver la unidad de España en La Moncloa”, añadió el secretario general del PSOE, que tampoco ha salido bien parado de los comicios catalanes por obra y gracia de Ciudadanos. Rajoy le reprochó: “Usted ha jugado a la equidistancia”. Y como si eso fuera malísimo, le acusó de haber dado alcaldías a grupos independentistas. Sin duda se refería al desplazamiento de su candidato, Xavier García Albiol, de la alcaldía de Badalona, la principal plaza del PP en Cataluña, sin reparar en la catadura del personaje que lanzó una campaña incitando a la xenofobia contra los inmigrantes para “limpiar la ciudad”. De momento, en democracia, los seres humanos somos más importantes que las patrias, aunque Rajoy sostenga indirectamente lo contrario.

Sin abandonar el asunto principal del penúltimo pleno de control al Gobierno en esta legislatura –según el calendario que manejan los grupos parlamentarios, el 14 de octubre será el último pleno, el 19 quedará aprobado el Presupuesto y el 20 se disolverán las Cámaras para ir a elecciones el 13 de diciembre–, la situación evoca la fábula de los dos gallos que se enzarzaron en una pelea. El ganador se subió a lo más alto de una pared y cuando estaba proclamando su triunfo, un águila se lanzó sobre él y lo destrozó.

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