La desautorización por parte de las autoridades de la Competencia de Bruselas a la fusión de dos operadoras de telecos danesas ha sembrado dudas sobre la posición que tomarán respecto a la venta de la británica O2 por Telefónica a Hutchison Whampoa, operación pactada por 10.250 millones de libras (casi 14.000 millones de euros).
El veto podría extenderse a la venta a la compra de la francesa EE por BT (el antiguo monopolio británico). Es decir, que Bruselas podría echar para atrás la reordenación del mercado británico de las telecomunicaciones, ya que ese acuerdo tiene como objetivo que BT pueda acceder a activos que le permitan ofrecer paquetes completos y competitivos a sus clientes. De hecho Telefónica intentó un acuerdo con BT para formar el líder europeo del sector.
A su vez, estas dos transacciones tienen otro trasfondo: que el gigante británico Vodafone pueda hacerse con activos que las otras compañías se vean obligadas a vender. Este conjunto de circunstancias ha hecho que las autoridades de Londres hayan solicitado a Bruselas la potestad para decidir su veta a no y qué condiciones exige en caso de autorización. La UE tendrá que anunciar su respuesta este mes.
Quizá los factores que más castiga a Telefónica es que no podría reducir su deuda y desde Barclays se alerta sobre la posibilidad de que no pueda abonar todo el dividendo de 2016 en metálico.
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