San Artur Mas, bueno y mártir

16/10/2015

Joaquín Pérez Azaústre.

San Artur Mas, bueno y mártir, ve hundirse su país en aguas pantanosas. Se asoma al propio abismo, a una especie de tumba anegada de líquenes y algas que danzan con los ritmos sinuosos del fondo, sin pensar que con él arrastra cuerpos, vidas y esperanzas ajenas a su vuelo hacia el vacío del oportunismo fratricida. La coincidencia de su comparecencia ante el juez con el 75 aniversario del fusilamiento de Lluís Companys por el levantamiento franquista le convierte de nuevo en el faro de guía de la sentimentalidad, en una especie de reclamo vital para sí mismo como sacrificado, luz y emblema de la persecución de Cataluña por el Estado centralista opresor. La historia se repite, parece decir Mas: primero Luís Companys y ahora yo, pero siempre ese yugo autoritario del españolismo, con su mano de hierro y su tosca retórica de dominación.

Nadie habla ya de su significativa caída electoral, porque los trámites del proceso judicial instado contra él desde el Ejecutivo potencian su versión de patriota abnegado en su defensa de la independencia catalana. Lo han llevado a hombros nada menos que 400 alcaldes, con los consejeros de Justicia e Interior en primer plano, en un pulso visible entre el ejecutivo catalán y el poder judicial. Más allá de su zafiedad maniobrera, Mas pretende con esto lanzar un nuevo órdago no sólo a la justicia y al poder central, sino también a los mismos que estos días pusieron en duda su idoneidad como el hombre primero, presidente y fundador del nuevo país catalán. Cataluña soy yo, parece estar diciendo. No soy yo quien recibe el oprobio de ser juzgado ahora por haber puesto las urnas en la calle, sino todo el pueblo catalán. Como mensaje, alcanza la perfección en toda esta falacia gigantesca que ha ido edificando el independentismo, esta especie de agravio que confunde luchas dinásticas de hace tres siglos con una guerra de España contra Cataluña y, desde ahí, toda la retahíla de dolor disparado.

Artur Mas ha declarado ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña por la organización de la consulta del 9 de noviembre, suspendida por el Tribunal Constitucional. “Me tratan como un delincuente. Me presentan como un potencial delincuente, insumiso, como alguien que está atizando a todo el mundo”, lamenta Mas, que devuelve la pelota visceral al Ejecutivo de Rajoy: “Nos enfrentamos a un Gobierno que usa todo su poder e influencia para destruirnos”. El plural no es mayestático: realmente pretende englobar a toda una nación, a un pueblo, a la autonomía que representa. Me pregunto si cuando llegue el momento de rendir cuentas por los escándalos de corrupción que salpican a su organización usará también ese plural.

Desobediencia, malversación de fondos, prevaricación y usurpación de funciones no son delitos insignificantes. Nada haría más feliz a Mas que convertirse en un nuevo Mandela, en el libertador entre rejas por el fatal Estado imperialista. Yo creo que estaría dispuesto a pagar por la foto, si es que no lo ha hecho ya. Esto, claro, aún puede venderse para la ingenuidad de los incautos. San Artur Mas, bueno y mártir, en realidad, no ha pensado inmolarse. Mira el fondo del lago y esos rostros dispuestos a lanzarse a la penumbra, enardecidos por su cóctel de romanticismo, mientras él logra huir de su pasado.

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