Al inicio de los tiempos los hombres solucionaban sus problemas a mamporrazos. Pasaron siglos antes de que encontraran un mejor camino para dirimir sus diferencias y entonces nació la política y lo que conlleva de diálogo, debates, concesiones hasta que al fin se llega a una solución que normalmente no satisface plenamente a nadie pero tampoco nadie queda especialmente agraviado.
Esta actitud civilizada parece que en determinados foros no les gusta practicar y ahora vemos como Mariano Rajoy –después de haber suplicado adhesiones internacionales con respuestas diplomáticas de quienes son expertos en el arte de tirar pelotas fuera- descubre el llamado “problema catalán” después de años despreciándolo, ridiculizándolo o personalizándolo en una persona y promueve un “cerrar filas” entre los partidos estatales.
Se ha reunido con la mayoría de fuerzas políticas y sociales, tanto PSOE como Ciudadanos han dado un cheque en blanco a la postura del presidente. A la salida de estos encuentros sólo Podemos e Izquierda Unida han abogado por el diálogo. Las fuerzas mayoritarios han cerrado filas a de mano dura, a la judicialización de la vida política incluso a la ley de la fuerza.
Desde hace meses que en Catalunya se reclama diálogo, y la respuesta ha sido siempre que “no hay nada que hablar” al tiempo que promueven leyes anti persona como el posibilitar que el Tribunal Constitucional inhabilite a quien no cumpla sus sentencias (sorprendentemente quien más sentencias ha incumplido ha sido Mariano Rajoy, pero no parece que vayan a tomar medidas contra el actual presidente).
En cualquier caso las propias leyes españolas no sirven para solucionar el problema. ¿Inhabilitarán a todo el Parlament? ¿Inhabilitarán a los más de novecientos alcaldes con sus respectivos consistorios que se adhirieron al proceso? ¿Inhabilitarán a millares de funcionarios por cumplir las órdenes?
La sordera del Gobierno y su política de mano dura ha llevado a la actual situación y la salida es difícil a no ser que recuperen la frase del cardenal Cisneros que replicó a los que le discutían su regencia con un “estos son mis poderes”. Ya que va de citas, si no se abre pronto una etapa negociadora puede recuperar actualidad la frase de Unamuno a los golpistas: Vencereis pero no convenceréis”.
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