«El lector es el que acaba de terminar un libro» así de contundente se mostraba la ganadora del Premio Planeta 2015, Alicia Giménez Bartlett, durante la presentación en la capital de las obras galardonadas. No puedo estar más de acuerdo: en cuanto una novela sale al mercado cada uno la hace suya a su manera. El lector la moldea e interpreta según los dictados de su libre albedrío lo cual es prodigioso para el autor: sus personajes adquieren tantas vidas como lectores se dejen atrapar por su trama. La criatura vuela a otras dimensiones que el escritor jamás imaginó cuando la engendraba a través de una pluma capitaneada por la soledad, disciplina, concentración extrema y sucesión de eternas horas de trabajo.
Día desapacible, ceniciento y lluvioso, una atmósfera perfecta para dejarse seducir por la lectura de historias conmovedoras. El escenario no podía resultar más apropiado: ese magnético edificio custodiado por cuatro cariátides, el Instituto Cervantes, organismo que atesora la noble tarea de ejercer de guardián de la promoción y enseñanza de la lengua española.
Aunque un suceso paranormal se hacía palpable por la calle Barquillo según te ibas acercando a la puerta de acceso del Cervantes: un inusual número de policías nacionales y un par de lecheras flanqueando la entrada. ¿Desde cuándo la literatura moviliza a los cuerpos de seguridad del Estado? Interesante prefacio… Pero no, no es que nuestro Gobierno sintiese súbitamente la responsabilidad de proteger a escritores, periodistas y juntaletras, resultó que la Vicepresidenta acudía al sarao. Está fenomenal contar con tan magna presencia en las celebraciones literarias (y no, el modo ironía no está activado, es necesario el apoyo institucional), pero estaría fetén si además de aplaudir en la primera fila de fastos intelectuales de postín, nuestros representantes respaldasen la cultura en la práctica: luchando con ahínco contra la piratería o rebajando ese IVA del 21% que lastra a un sector tan renqueante como imprescindible en el desarrollo del ser humano. La Educación y la Cultura fomentan las sociedades libres. Algo tan obvio pero tan ninguneado por los que deberían potenciarlas, cuidarlas, mimarlas, auparlas…
Y hablando de primeras filas, supongo que a los escritores consagrados y a los autores españoles de best sellers culpables de ventas millonarias alrededor del mundo presentes en la sala, María Dueñas, Álvaro Pombo, Nativel Preciado, Ramón Arangüena, Lola Beccaria, Marta Rivera de la Cruz, José M.ª Beneyto, Inma Chacón, Juan Pablo Fusi, Alicia González Sterling, Manuel Hidalgo, Marta Robles, Pepa Roma, Guillermo Summers…, les debió entusiasmar quedar relegados al gallinero, mientras observaban cómo la jefa de Gabinete de la Vicepresidenta lucía palmito en los asientos de honor. La ubicación de Soraya es indiscutible por Real Decreto, pero me asalta una duda protocolaria ¿un cargo de libre designación debe presidir los cotarros?
La estancia cervantina olía simbólicamente a pergamino y tinta -el perfume de los sueños-, a librería de viejo y a felicidad encuadernada. La expectación de los invitados, junto con la concatenación de flashes y acumulación de cámaras, otorgaba solemnidad al ambiente. Los verdaderos protagonistas, Alicia Giménez Bartlett y Daniel Sánchez Arévalo hicieron acto de presencia acompañados del Presidente del Grupo Planeta, José Creuheras, un señor que ha ganado -y mucho- con el paso del tiempo: ahora luce un porte de gentleman que seduce y agrada.
Pero tras la acertada e impecable escenografía, las preguntas formuladas por Mónica Carrillo a los homenajeados nos dejaron algo fríos: cuando un autor entrevista a otro se presupone más complicidad, profundidad e intensidad. Por ejemplo, sonsacarle inquietudes -con retranca- sobre el proceso de escritura, acerca del Big Bang creativo que comienza a dibujar a los personajes, del momento en el que los protagonistas de una obra adquieren vida propia dentro de la cabeza de su creador y le vencen (porque siempre lo hacen) o sobre la batalla encarnizada que se libra entre el triunvirato autor-desenlace-punto final… Posiblemente su faceta de presentadora prevalezca sobre la de escritora. Aunque puede que el error por no apreciar los matices de la interviú fuese mío y solo mío: recrearte con la anatomía de un imponente Quim Gutiérrez a tu vera siempre desasosiega y acalora.
Anécdotas, naderías y minucias aparte, Hombres desnudos y La isla de Alice, las novelas ganadora y finalista del Premio por excelencia, el Planeta, ya invaden, en negro y limón, en verde y azul, las librerías. Hagan los honores y descúbranlas. A esas obras o a cualquier otro título que les plazca. Pero lean, lean y no dejen de leer.

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