¿Y ahora qué?

10/11/2015

Josep M. Orta.

De aquellos polvos vienen estos lodos. El choque de trenes está servido cuando hacía tiempo que las dos locomotoras se lanzaban una contra otra con aceleración creciente. Muchos medios de comunicación ahora se rasgan las vestiduras pero pocos, muy pocos, se paran a analizar las causas por las cuales se ha llegado a esta situación.

Incluso ahora, en un ejercicio de ceguera política, insisten que el culpable de todo es Artur Mas y se niegan a aceptar que una gran mayoría de catalanes se ha ido afiliando a las tesis secesionista y más de un setenta por ciento aspira a poder decidir en las urnas el futuro de Catalunya en un referéndum vinculante.

Para resolver un problema el primer paso es constatar que existe y buscar las soluciones donde pueden estar. Los tribunales, por muy politizados que estén, no son el instrumento adecuado para resolver problemas políticos. Hace años que desde Madrid en vez de afrontar la situación se han dedicado a echar más leña al fuego incluso en temas que no implicaban dispendios económicos. Algunos de los partidos que acusan que se está dividiendo a la sociedad catalana nacieron expresamente para dividirla hurgando en el sistema educativo catalán y convirtiéndolo en un problema donde no existía. Claro que este grupo –hoy emergente en toda España- fue la muleta del PP para que los pocos diputados populares no se quedara sistemáticamente solos en las votaciones del Parlament.

Se podrían poner muchos ejemplos que explicaran la radicalización de los catalanes, desde Madrid se han pisado muchos callos que han propiciado que sectores que no ha mucho estaban muy alejados de planteamientos secesionistas ahora sean fervientes defensores. El problema no es un Artur Mas que se ha vuelto loco, el problema es que lo que dice Mas, con todos los matices que se quieran, lo siguen una gran parte de los ciudadanos catalanes.

Buscar las causas de este malestar manifiesto, explicar el porqué de las millonarias y repetidas manifestaciones que se han producido estos últimos años no han servido para quien lo pudiera hacer buscara remedios que hubieran evitado el actual conflicto.

Ahora muchos se rasgan las vestiduras pero son muy pocos los que tratan de interpretar por qué pasa lo que pasa y, sin profundizar en las causas es muy difícil encontrar soluciones.

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