«No puede aceptarse como inexorable la acumulación desproporcionada de la riqueza y el bienestar por una minoría a costa del crecimiento de la pobreza a que se somete a una mayoría precarizada en sus opciones vitales». Con esta frase reivindica Fernando Ledesma, ganador de la XXI edición del Premio Pelayo para Juristas de Reconocido Prestigio, el Estado del Bienestar, cuyo «desmontaje conduce a la fragmentación de la sociedad».
Argumenta el exministro de Justicia con Felipe González que «los europeos creíamos que con nuestro Estado de bienestar habíamos solucionado los problemas de la desigualdad», pero «en el interior de las sociedades ricas las desigualdades se están disparando». «Es evidente que las clases medias se están empobreciendo. Podemos hablar, más que de proletariado, de precariado, pues aunque grandes sectores de las clases medias tengan hoy trabajo ha desaparecido la certeza de que puedan tenerlo mañana».
Ledesma cita a Zygmunt Bauman: «la felicidad no se mide tanto por la riqueza que uno acumula como por su distribución».
Ledesma defiende la política como «entrega a los demás» y la define como «actividad impregnada de un elevado nivel de exigencia ética». Y recuerda una frase de Weber en 1918: «Toda experiencia histórica confirma la verdad de que el hombre no hubiera obtenido lo posible si no hubiera pugnado una y otra vez por alcanzar lo imposible»
El ministro de Justicia, Rafael Catalá, hizo entrega a Fernando Ledesma del galardón, dotado con 30.000 euros y una estatuilla. La semblanza del premiado la hizo Eugenio Gay, vicepresidente Emérito del Tribunal Constitucional.
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