El terrorismo musulmán está en apogeo. Francia está en guerra y la mayoría de los ciudadanos europeos hablamos de miedo. En España tenemos mucha experiencia de vivir atentados y ahora París se ha convertido en su capital mundial. Ciento veintinueve personas son muchas para morir en manos de la irracional brutalidad de unos radicales.
Su religión habla de paz y ellos matan. Mientras, los ciudadanos intentamos sacudirnos el espanto e intentar recuperar la calma. Nos decimos que el miedo no nos va a paralizar ni al coger el transporte público, ir a un espectáculo multitudinario o simplemente quedar con unos amigos a cenar o tomar un café.
Ofrecemos tranquilidad y calma, aún mirando de reojo a quien pasa por nuestro lado con una mochila al hombro. Y esperamos que los políticos, perdidos en miles de reuniones y llamadas telefónicas, den con la solución. Pero sabemos que no es fácil porque qué se puede hacer contra lo irracional, el brutal asesinato acompañado de suicidios en busca del paraíso.
Desde el 13N, televisiones, radios, periódicos, digitales… todos nos hablan de París y sus atentados, sus muertos y heridos, sus redadas de madrugada, sus ataques aéreos. Es un país en guerra y nosotros, los europeos, somos sus aliados.
Antes del 13N llevábamos semanas de precampaña electoral con la crisis independentista de Cataluña en primera fila. Parece que queda muy lejos, tan lejano como el 20 de diciembre. Los españoles parece que nos hemos olvidado del paro, de la presentación de las listas electorales, de los escándalos de última hora, como la salida por la puerta de atrás de las listas del PP de Marta Domínguez, acusada de dopaje con la retirada consiguiente de su medalla de oro obtenida en un mundial.
Hasta los adversarios políticos, como Rajoy, Sánchez, Rivera, Garzón… han encontrado un nexo común para hablar, aunque el motivo se encuentre a 2.000 kilómetros, en París. Y eso ya es algo. Han dejado de lado la campaña electoral y el ‘y tu más’ y las promesas electorales, que seguro que llegarán, cuando el olor a papeletas esté más cerca.
Esta semana nos hemos olvidado de lo cotidiano… y, excepto las contiendas políticas, los ciudadanos lo echamos de menos.
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