Y Rajoy, mientras, jugando al dominó

02/12/2015

Joaquín Pérez Azaústre.

Y Rajoy, mientras, jugando al dominó. Pensaba titular el artículo así: “Rajoy perdió el debate”. Pero no, eso habría sido ayer, en esa inmediatez tras el encuentro de los tres gallos firmes en la confrontación de ideas y posturas, de aposturas y de revelaciones sobre el escenario convertido en la crónica de sus personajes. Pero en toda esta política-ficción siempre viene alguien que te mejora el texto, como Pablo Casado, ese fenómeno de la prestidigitación, que aseguró después del debate en la web de El País que quien había ganado, sí, no era ni más ni menos que Mariano Rajoy, el único que no acudió. Estuvieron, como es sabido, Pedro Sánchez (PSOE), Albert Rivera (Ciudadanos) y Pablo Iglesias (Podemos). El País se negó a aceptar a Soraya Sáenz de Santamaría en sustitución de Rajoy porque era un debate entre candidatos, no entre números 2 ni 3 de la lista, y el envío de la subalterna, por peleona y fidelísima que sea, era una falta de respeto al medio, a los demás candidatos y, sobre todo, a la ciudadanía.

Pero el PP lleva en esto toda la legislatura. Porque para eso tienen a este fenómeno, Pablo Casado, que va y asegura, sin despeinarse y sin pestañear, que ganó fue Rajoy. Y también que es el más alto, el más fuerte, el más guapo. Un auténtico atleta. El líder carismático que asombra. La osadía crucial. El carisma abisal. El talento oceánico. Un luchador por los derechos civiles. Todo eso y más nos vendería Casado si pretende colarnos este disparate: que Rajoy, el gran ausente, fue quien ganó el debate.

En el mismo discurso de surrealismo público está Rafael Catalá, ministro de Justicia, que ha llegado el último y tiene que hacer méritos sumisos. Así, como El País se negó a aceptar a la sustituta Sáenz de Santamaría, se ha despachado: “No sé cuál es el motivo, no sé si es porque es la vicepresidenta del Gobierno, si porque es mujer, si porque es joven, si porque es brillante, pero es sorprendente que haya ese dirigismo por quien organiza un debate y que parece que es el que elige quiénes son los representantes. No lo acabo de entender, pero, en todo caso, esa fue su decisión”. Pues mira majo, te lo voy a explicar. Esto era un debate entre los candidatos. Todos sabemos que Rajoy, que tiene en los debates “su medio natural”, según él mismo afirma, es un lince verbal, una especie de torpedo político de erudición, un auténtico tanque de retórica, formación y reflejos finísimos, como mostró en la entrevista con Carlos Alsina:

“Alsina: Pero la nacionalidad española no la perderían los ciudadanos de Cataluña.

Rajoy: ¡Ah!, no lo sé, es decir, ¿por qué no la perderían? ¿Y la europea tampoco?

Alsina: Porque la ley dice que el ciudadano nacido en España no pierde la nacionalidad aunque resida en un país extranjero si manifiesta su voluntad de conservarla.

Rajoy: Pues… eh… ¿Y la europea?

Alsina: Y la europea la tiene porque tiene la nacionalidad española.

Rajoy: Me parece que estamos en una disquisición que no conduce a parte alguna”.

En Génova saben bien que Rajoy tampoco conduce a ninguna parte en cuanto comparece. Si eres su jefe de campaña, te echas a temblar, porque no sabes por dónde puede salirte, una vez más, el tiro por la culata, con colleja o no incluida para el hijo. No es una cuestión generacional, sino de capacidad verbal, de presencia y determinación, de brillantez, de decir algo, vaya, frente al acartonamiento sonámbulo de nuestro presidente, que no llega más allá de “ir donde le mandan” y “decir lo que le dicen”. Pero claro, la excusa era tremenda, institucional y grave: un presidente del Gobierno tiene muchas obligaciones en la cumbre europea y no puede estar debatiendo continuamente.

¿Y dónde estaba Rajoy? En Olmedo, un pueblo de 3.800 habitantes en la provincia de Valladolid, jugando al dominó en el hogar del pensionista. Ahí lo tienes. Buscando el voto de la tercera edad a un grado bajo cero, que en esto de la política, como él mismo diría, “hay que tener coraje”, y dando un mitin sobre el banco de un parque, porque el arrojo también es cualidad de los grandes líderes mundiales, y hay que tener cintura, flexibilidad, capacidad de adaptación y valentía, un poco a lo John Rambo o a lo Soraya Sáenz de Santamaría, reconvertida ahora en una conductora Mad Max.

Mientras España asistía a su presente y a un debate real entre gente que habla, expone y rectifica, que mira a los ojos y responde sin necesidad de esconderse tras un plasma, Rajoy perdió al dominó, y encima le dijeron que no le votarían. Tras su cumbre de Olmedo, cada vez más alejado de la realidad, continuará esperando la próxima orden.

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