Pablo Iglesias: los errores de un seductor

08/12/2015

Carmela Díaz.

loscuatro

 Unos culminan sus intervenciones apelando al futuro y a la ilusión, y otros lo hacen fundamentando su cierre en los errores del pasado, el rencor y el odio. En apenas un minuto quedó certeramente retratada la forma de hacer política y el espíritu de las dos formaciones emergentes. De las veteranas no esperábamos más.

Obviando conclusiones y resultados -hay tantos como analistas e intereses-, un actor protagonista de la función que se abstiene de dialogar, debatir con sus adversarios frente a la opinión pública, exponer ideas ante sus votantes y dar la cara por miedo a las consecuencias, no debería ser ni figurante. Bajo ningún concepto. Supone un episodio de cobardía y una lamentable forma de menospreciar a los ciudadanos y a la democracia.

Carmela Díaz

Carmela Díaz

Pero debemos ir más allá. Unos preámbulos hollywoodienses y unos previos granhermanescos reflejan las prioridades de la política actual, el funcionamiento de sus cúpulas y la estrategia de los candidatos: performances, espectáculo, imagen, postureo, frivolidad, populismo, demagogia y vaguedades. Nadería recubierta de fabulosos efectos especiales. Los contenidos, las ideas, las propuestas programáticas y las reflexiones, permanecen arrinconadas en el contexto político contemporáneo de primer nivel.

Y si hay alguien que demuestra un control absoluto de los escenarios, es Pablo Iglesias; un tipo que domina las técnicas del debate y la telegenia. Se trata de un orador curtido en las batallas de las aulas y los platós que sabe cómo conquistar a su público objetivo: los más necesitados, los hastiados, los rupturistas, los desesperanzados… Abusa de las palabras grandilocuentes y de los mensajes ambiguos que dejan abierta la puerta a diferentes interpretaciones, según la voluntad del receptor, aunque agradan a su masa crítica de electores. Ahonda en los problemas pasados pero sin aportar soluciones de futuro.

Iglesias deslumbra a sus incondicionales cuando, con toda la razón, tritura a los corruptos y machaca a la casta de las desvergüenzas y las puertas giratorias. El inconveniente radica en que gobernar un país es algo mucho más serio que epatar en asambleas callejeras y diseñar panfletos. Se requiere un bagaje personal, profesional, una experiencia contrastada, un hondo sentido de Estado y un respeto inquebrantable hacia las leyes, el orden establecido y el Estado de Derecho. Cualidades trascendentales de las que carece el candidato de Podemos. Sin olvidar los errores garrafales que comete atrevidamente. La ignorancia que conlleva parlotear ante diez millones de personas que Andalucía votó en referéndum el derecho de la autodeterminación, es patética. Mantenerse aislado de la comunidad internacional frente al terror yihadista, es simplemente irresponsable: el fanatismo asesino solo puede ser combatido con una respuesta internacional firme y conjunta. Desconocer que la Educación es uno de los Derechos Fundamentales reconocidos en la Constitución -ejerciendo como profesor de Políticas- no tiene nombre. Atribuir a Churchill una cita ajena o rebautizar a una multinacional de referencia podría calificarse de anecdótico. Aunque evidencia su impericia en el mercado laboral real y el mundo empresarial. Recurrir con teatralidad a las emociones para llegar al corazón es efectivo para seducir a las masas, ¿pero resulta adecuado para dirigir el futuro de España?

Seguiremos depositando nuestra papeleta guiados por sensaciones, sentimientos, filias y fobias. Los españoles no meditamos ni razonamos objetivamente nuestras decisiones de voto. Al menos la irrupción de las fuerzas emergentes está poniendo coto a los desmanes históricos del bipartidismo. Y dejará sin peso específico a los partidos nacionalistas, tanto en los pactos de gobierno como en las grandes decisiones que nos afectan a todos.

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