Estados Unidos incrementa su PIB el 2% y tiene un desempleo del 6,2%, muy cerca de su tasa estructural de paro, lo que facilita que la Reserva Federal (Fed) haya iniciado el cambio de rumbo de su estrategia de política monetaria, tras 9 años de estímulos para favorecer el crecimiento económico. Carlos Salvador, profesor de Cunef, destaca que “Janet Yellen, presidenta del mayor banco central mundial, se encuentra con una brisa en su travesía oscurecida por una tasa de inflación presionada a la baja, debido a la caída del precio de los productos energéticos, que acumulan una caída del 15% en lo que llevamos de año”, lo que supone un riesgo para el objetivo de inflación del 2%, que tienen tanto la Fed como el Banco Central Europeo (BCE).
La decisión de la Fed incrementa los tipos de interés y el precio del oficial del dólar se eleva, lo que sin duda repercute de forma negativa sobre el coste de financiación de las empresas y del consumo en Estados Unidos. En cambio, los ahorradores norteamericanos salen ganando al verse incrementado el valor de sus inversiones, señala este experto.
En este contexto, esta medida no sólo afecta a la economía de EEUU, sino también al resto del mundo. “Un dólar más fuerte supone una posible fuga de capitales desde economías emergentes, afectadas ya por la caída del precio de las materias primas y otros riesgos económicos. Además, si se tiene en cuenta que muchas de esas economías emergentes tienen sus préstamos en dólares, los efectos negativos se acentúan debido al incremento que esta política monetaria supone sobre el valor de las deudas contraídas en esta divisa”, advierte el profesor de Cunef. Salvador considera que esta situación “indirectamente afecta a la economía española, dada la presencia de algunas empresas internacionales en Latinoamérica como BBVA y Repsol”.
Para la zona euro, esta medida también tiene efectos significativos si se tiene en cuenta la última reunión del BCE (3 de diciembre), que anunció una continuación de los estímulos monetarios a través del programa de compra de deuda. “Un dólar más fuerte supone un abaratamiento y un aumento competitivo en términos relativos de los productos europeos, lo que supone un impulso para las exportaciones y el PIB de la zona euro, así como un incremento del precio de las importaciones, que refuerza el objetivo del BCE de incrementar la inflación y situarse más cerca del objetivo de estabilidad de precios del 2%”, insiste el profesor de Cunef.
“Pero este panorama de política monetaria en sentido opuesto entre el BCE y la Fed no es aceptado con optimismo por todos los países de la zona euro. Alemania argumenta que el programa de estímulos monetarios del BCE puede tener efectos secundarios, porque lo que se necesita realmente en la Eurozona es una serie de reformas estructurales y no una política monetaria ultra flexible en el largo plazo”, concluye Carlos Salvador.
Gradualidad, palabra clave
Amílcar Barrios, analista de Tressis, considera que “por fin la Reserva Federal ha dado el necesario paso adelante para dar carpetazo al periodo de dinero gratis, apropiado para un escenario de derribo, pero no para el actual, con previsiones de crecimiento e indicadores económicos mejorando cada día que pasa”.
“No por esperada, la decisión de elevar los tipos de interés ha dejado de generar ansiedad entre los inversores, si bien la repetición de la palabra gradual era lo que de verdad el mercado necesitaba”, señala. Janet Yellen se aseguró así de que los mercados “no sufran síntomas de abandono después de varios años sobreprotegidos”.
La medida de la Fed “ratifica esa sensación de que los dos grandes bloques occidentales progresan adecuadamente”. En el caso de EEUU no extraña que la producción industrial, al igual que el resto de referencias del sector secundario, siga sufriendo, en contra del buen tono que está experimentando la construcción de vivienda. En lo que respecta a Europa, la ligera debilidad del PMI de servicios obedece al peso de los atentados de París sobre la actividad económica francesa, pues el agregado de la zona euro, tanto en este sector como en el de manufacturas, prosigue su camino al alza. “Aunque si hay algo verdaderamente importante en este continente, eso es que se genere inflación, y el dato correspondiente a noviembre batió las expectativas, pues en lugar de una, subió dos décimas”, apunta este experto.
Ramón Forcada, director de Análisis de Mercados de Bankinter, cree que la subida de tipos de la Fed será más rápida de lo que el mercado piensa, y que terminará 2016 entre el 0,75% y el 1%.
Enrique Díaz Álvarez, director de Ebury, cree que un aumento gradual de los tipos de interés en EE.UU. en 2016 «debería conducir a una apreciación del dólar estadounidense frente a casi todas las principales monedas el próximo año». Esa apreciación «será particularmente severa frente al euro, dado que la dirección de la política monetaria del Banco Central Europeo es opuesta», precisa. «Las ganancias del dólar respecto a la libra esterlina serán más graduales, teniendo en cuenta que esperamos que Reino Unido aumente los tipos de interés alrededor del tercer trimestre de 2016», explica.
Julien-Pierre Nouen, ecomista-estratega de Lazard Fréres Gestion, cree que «Janet Yellen ha conseguido su objetivo». «La Fed mantiene su voluntad de normalizar su política monetaria desde ahora hasta el 2018 adjudicándose cierta flexibilidad para conseguirlo», explica.
«Con el anuncio de que tomará en cuenta la evolución de los datos, las reacciones frente a las publicaciones económicas deberían ser mayores en el mercado de renta fija«, añade este experto. «En realidad, y Janet Yellen lo ha repetido, esta primera subida no era tan importante. Los verdaderos interrogantes se mantienen: ¿cuál será la trayectoria de los Fed Funds a lo largo de los próximos años?, ¿utilizará la Fed su libertad reivindicada?, acostumbrado a veinte años de cierta previsibilidad, ¿cómo reaccionará el mercado de renta fija?», concluye Neuen.
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