En la presentación de las perspectivas para 2016, el director de Análisis de Bankinter, Ramón Forcada, calificaba de “emocionantes” las elecciones generales en España, pero dejaba claro que, más que el resultado de éstas, lo que importaba eran los rostros de los que serán fotografiados en las escalinatas de La Moncloa cuando se forme Gobierno, como muy pronto, a mediados de enero. Porque son esas caras las que indicarán qué decisiones va a tomar el Gobierno que surja de las elecciones del 20 de diciembre.
El escenario que menos gusta a los analistas es que, dos meses después de la primera sesión de investidura, haya que ir de nuevo a elecciones. Los problemas que tiene Artur Mas para mantenerse al frente de la Generalitat de Cataluña es una demostración de que esa hipótesis puede ser más real de lo que parece.
El escenario menos probable es una victoria clara de un partido, aunque a los mercados es la opción que más les gusta por la estabilidad política que genera. Y el que tiene más visos de hacerse realidad es un pacto, con entrada o no en el Gobierno del socio. Aquí, las combinaciones son variadas: PP-Ciudadanos, PSOE-Ciudadanos, PSOE-Podemos, e incluso un escenario a la portuguesa (todos contra el PP, que no puede formar Gobierno aunque haya ganado las elecciones).
Más que quien gobierne, los analistas muestran su preocupación de que la falta de acuerdos entre los partidos dificulte la aprobación de reformas estructurales, de medidas para el cumplimiento del déficit, y de decisiones que impulsen la recuperación económica.
Pierde fuelle la tensión separatista en Cataluña, al menos en la lista de preocupaciones de los analistas.
Victoria demócrata en Estados Unidos
Pero los mercados están inquietos por otras elecciones, no sólo las españolas. El 8 de noviembre de 2016 habrá elecciones presidenciales en Estados Unidos, que además de designar al sustituto de Barack Obama, afecta a 13 gobernadores y provoca una renovación parcial del Congreso. El nuevo presidente asumirá el cargo el 20 de enero de 2017.
Precisamente uno de los Cisnes Negros para 2016 (predicciones más sorprendentes que, en caso de producirse, harían tambalear con toda probabilidad a los mercados financieros) que elabora el Saxo Bank danés es que “los demócratas arrollan: retienen la presidencia y recuperan el Congreso de EEUU”.
Su economista jefe, Steen Jakobsen, explica que “el Partido Republicano pasa de una posición de fuerza a una de dramática debilidad mientras se consuman las divisiones por sus luchas internas respecto a su rumbo futuro”. “Esto conduce a una victoria aplastante de los demócratas, ya que estos llevan a cabo con éxito una campaña para animar a la gente a ir a votar, y la generación de los Millenials acude en masa a las urnas tras haber asistido frustrados al impasse político y las escasas perspectivas de empleo de los últimos ocho años”, añade.
En Europa, lo que más inquieta a los mercados es la posibilidad de que se adelante a 2016 el referéndum para la permanencia o no del Reino Unido en la UE para que no coincida con las elecciones presidenciales en Francia y las federales en Alemania que se celebrarán en 2017. Es, desde luego, lo que prefieren en los dos grandes países de la Europa continental, además de que el Reino Unido siga en la Unión Europea.
Pero es evidente que la trayectoria de los mercados el próximo año se verá claramente influida por factores políticos. Entre ellos, gana peso la reapertura del debate sobre la permanencia de Grecia en la Eurozona, porque Bruselas ha impuesto más austeridad, ajustes y recortes de gastos, medidas impopulares que pueden desgastar al Gobierno de Tsipras.
Otro quebradero de cabeza para los mercados es Brasil, especialmente si avanza el proceso de destitución de la presidenta Dilma Rousseff. Las amenazas para la estabilidad política de Brasil no son precisamente el mejor caldo de cultivo para la recuperación de su economía gracias a los Juegos Olímpicos que se celebrarán el año que viene.
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