Cava para después de tanta campaña

18/12/2015

Maite Vázquez del Río.

Pasó el susto de las promesas electorales, mitines por doquier, baño de multitudes con puñetazo incluido, jornada de reflexión, votaciones, resultados y a esperar las componendas para poder gobernar. Entre tanta resaca política llegan las Navidades. Este año las luces y demás parafernalia navideña ha tenido que ceder espacio a los carteles electorales y como que ha quedado más deslucida esa aparente alegría que aportan tantas bombillas de todos los colores.

Ahora los servicios de retirada de carteles electorales tendrán que echar horas extras, mientras las calles ‘pasan página’ de tanta presencia de políticos. Sabemos que sólo volverán dentro de cuatro años y muy pocos, casi ninguno, se ha pasado por delante del INEM, los comedores de cáritas o viviendas de desahuciados que ahora tienen el cartel de «Se Vende».Tampoco se han  acercado a ver a esos dependientes que la crisis ha maltratado, por si fuera poco lo que les ha hecho la vida ni a esos niños que aprendiendo a leer lo primero que han conocido es la pobreza.

Pero también es de agradecer que otros políticos, ya en ejercicio de sus funciones, que hasta dejen sus sedes (el Palacio de Comunicaciones del Ayuntamiento de Madrid) para que los desfavorecidos cenen en Noche Buena. No podrán estar todos los que son, pero hay detalles que al menos deben aplaudirse.

Es época de buenos gestos y de darnos ánimos unos a otros. De pensar en quienes nos dejaron porque la enfermedad se les llevó o porque han tenido que irse en busca de otros horizontes donde haya empleo.

Son momentos de celebrar, porque es la fecha, no porque sepamos por qué. Y pensar en el próximo año con la esperanza de que sea mucho mejor. A los que no les haya tocado la Lotería de Navidad continuarán echando números para llegar a final de mes con la esperanza de que los sueldos vuelvan a subir, que realmente nos bajen los impuestos, que la vida siga sin sobresaltos ni terroristas al asalto de la libertad.

Y seguiremos con los buenos deseos de que no haya más recortes porque Bruselas nos lo impone, deseando que haya menos pobres y más trabajadores con empleo; que se recuperen aquellas pequeñas victorias traducidas en derechos universales a las que en los últimos cuatro años han arrancado trozos a fuerza de decretazos.

Brindemos con cava, denominación de origen catalán, y soñemos con que después del 20-D todos los políticos serán mejores y harán mejor las cosas. Brindemos… por la Navidad.

 

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