El nuevo año empieza lleno de incertidumbres y no está claro cómo se van a resolver. Mientras la crisis no acaba de superarse y hay voces que alarman por el futuro de las pensiones, los encargados de dirigir en cotarro están en plena descomposición y la posibilidad de que se repitan las elecciones tanto en España como en Catalunya gana enteros por el complicado mapa político resultante de un país plural y por la incapacidad de los actuales líderes para llegar a pactos .
El PP necesita mantenerse en el gobierno para no afrontar una grave crisis interna, con unos políticos amortizados y un relevo que no se visualiza por ninguna parte. Su mala gestión cuajada de casos de corrupción, de despilfarro autonómico (aeropuertos sin aviones, autopistas sin vehículos, trenes sin pasajeros, obras faraónicas de nula utilidad) al tiempo de su abandono del espacio del centro para desplazarse cada vez más a la derecha y su nula capacidad de negociar y entenderse con el resto de fuerzas hace difícil que no surjan serios problemas internos y de liderazgo a corto plazo. En estos momentos sólo les une el poder.
No están mejor las cosas en la casa socialista. El desconcierto que provoca la guerra abierta entre Pedro Sánchez y Susana Díaz ha dejado a un partido en una situación más que confusa que se traduce en un discurso desconcertantemente dubitativo. Además de la sangría de votos ha perdido buena parte de su granero electoral que era Catalunya, donde el PSC ha claudicado de su autonomía a favor de Ferraz y buena parte de sus electores han desertado. Su cambio de camisa en el tema del referéndum pactado con Madrid ha hecho que los sectores catalanistas hayan hecho las maletas y su peso reducido –cada vez menos- en el cinturón industrial de Catalunya.
Sin embargo el PSOE es un partido con cien años de historia y ha sobrevivido a no pocas crisis, lo que hace pensar que esta vez la solución no será diferente, aunque difícilmente repita los éxitos de otros tiempos.
Los nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, está por ver el recorrido que tienen. De momento han propiciado una gran confusión en una parte del electorado que se ha traducido en una alta volatilidad del voto, hasta el punto que en los dos últimos comicios –autonómicas y generales- no pocos han votado primero a unos y después a otros. En cualquier caso no parece que ahora tengan la llave para desenredar el mapa político, unos por qué no pueden y otros porqué el PSOE se niega a contemplar la posibilidad de que las comunidades tengan el derecho a decidir (que es el argumento con que el partido de Pablo Iglesias tiene gran parte de su electorado, como Galicia, Catalunya , País Valenciano o Baleares).
Queda por comentar la situación de Catalunya donde CDC –tras la escisión de UDC- tiene un panorama similar al comentado del PP. Es un partido que necesita seguir gobernando para no sufrir una profunda crisis interna. Hablan de refundación pero hace tiempo que han dejado de ser un partido trasversal para convertirse en el partido del centroderecha nacionalista. Sin embargo no todos sus seguidores ven con buenos ojos las concesiones que hacen a la CUP y además no se otea un sustituto claro de Artur Mas. De propina los casos de corrupción han minado profundamente su capacidad política, como se deduce de la sangría de votos que va perdiendo elección tras elección.
Quizás 2016 sea un periodo demasiado corto para resolver tantas incógnitas. Incluso los adivinos, que en estas fechas acostumbran a ser prolíficos curiosamente este año están callados.
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