Más elecciones para Mas

04/01/2016

Maite Vázquez del Río.

La CUP, esos diez diputados electos en las últimas elecciones celebradas en la Comunidad de Cataluña el 27 de septiembre, ha hablado. Y si no se sacan un conejo de la chistera de última hora en Junts pel Sí, ha dicho que no quieren a Artur Mas. Bueno, lo llevan diciendo desde hace más de dos meses, pero muchos pensaban que con eso de que podían tocar «cacho» en el reparto del poder, cederían y olvidarían sus máximas.

Y su máxima era que no aceptarían a Artur Mas como presidente autonómico. Y mucho menos como primer presidente de la futurible república de Catalunya. Para ellos, a quienes identifican como antisistemas, Mas representa la corrupción, los recortes, la mala política que ha llevado a Cataluña a estar donde está y por lo que ya algunas empresas han empezado a plegar velas y buscar nuevos territorios donde ubicar su sede y pagar sus impuestos.

Mas, heredero político de Jordi Pujol, no ha sabido solucionar ni dar la cara por los problemas de corrupción ligados a Convergencia y sus años de ‘dictadura’ del 3% de comisión a todo lo que se construyó en tierras catalanas. Peor aún. Ha mirado para otro lado creándose el horizonte del independentismo para salvar su poltrona. ¡Bajas miras cuando está tanto en juego!

CiU nunca fue independentista y representando, como representa, a la burguesía catalana ha perdido sus apoyos tradicionales. Mas ha roto con Unió y acabado con todo lo que no le diera la presidencia. Se alió con ERC para no dejar de ser el president y esos compañeros de viaje le han llevado a donde está… que no es otro lugar que el vacío. Pero ese no sería el problema, la cuestión es que ha dejado vacía la gobernabilidad de Cataluña. La comunitat lleva en funciones desde hace meses y tras el pronunciamiento de la CUP abocada a otras nuevas elecciones. Y así pueden pasar meses y meses.

Mientras, los catalanes dividos aún más por Mas, deben soportar el sinsentido de una sanidad que hace aguas, y del resto de los servicios ciudadanos en abierta precariedad. Al tiempo ven que sus gobernantes en funciones, esos que acusan a España de haberles estado robando, también se han vuelto «pedigüeños» ante toda España para poder afrontar sus pagos. Un total dislate se mire por donde se mire. Más aún si se tiene en cuenta que en las últimas elecciones, que Mas calificó de plesbicitarias para seguir erre que erre con la senda del independentismo, dieron como resultado que hay más del 50% de catalanes que no se quieren desligar de España.

No se entiende la obcecación de Mas. Se ha convertido en un pelele de los nacionalistas e independentistas. Y todo para seguir siendo presidente. Y continua sin apearse, insistiendo en que va a seguir peleando, mientras algunos de sus socios ya le han empezado a pedir que se eche a un lado.

De momento, y si no hay un cambio de última hora, Cataluña deberá ir de nuevo a otras elecciones. Y eso no es gratis.

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