Tras el debate

12/01/2016

Josep M. Orta.

En política es relativamente frecuente que los problemas que han estado encallados durante meses se resuelvan en cinco minutos cuando los plazos se agotan. Esto ha sucedido en Catalunya para investir al nuevo presidente de la Generalitat tras un rocambolesco proceso en el que al final se impuso no sólo el sentido común sino también el mandato de las urnas.

El partido ganador –Junts pel sí, casi con el 40% de los votos dobló en escaños a su más inmediato seguidor –Ciudadanos- con el 17,93. A continuación le seguían el resto de fuerzas parlamentarias que se repartían el resto de votos (sólo el PSC superaba el 10%). Con estos datos parece claro quien había ganado las elecciones y en consecuencia formar gobierno.

La composición de la Cámara imposibilitaba cualquier solución –salvo repetir las elecciones- que no pasara por la coalición entre CDC y ERC y en esta tesitura el dilema lo tenía la CUP, que con sus 8,2% de los votos le daba la clave de la gobernabilidad. Estos tenían que elegir entre sus dos tesis programáticas: hacer la revolución (tarea para la cual no tenían apoyos) o seguir el camino que pretenden lleve a una república catalana.

El pasado domingo se celebró la sesión de investidura casi en el tiempo añadido y en el debate quedó claro que tanto Junts pel sí como la CUP defienden un discurso coherente –discutible, por supuesto- cuyo objetivo final no es otro que la independencia de Catalunya. En cambio el resto de fuerzas demostraron no tener discurso y en cambio usaron todas sus armas para incitar a la división del pueblo catalán sin importarles los medios. Más que debatir con Carles Puigdemont se dedicaron a criticar a Artur Mas, en un ejemplo de elegancia parlamentaria de denigrar a quien no se puede defender.  Ni una propuesta de futuro para Catalunya, sólo un mensaje: abandonen este camino . Sólo algunos  propugnaban establecer un diálogo con Madrid que Rajoy ha rechazado siempre. Podemos, por su parte, insistía en el referéndum pactado, camino sin destino dado el frontal rechazo de las fuerzas mayoritarias españolas.

Como la cortesía parece que hace tiempo está de vacaciones en la Cámara catalana ya ni se reconocen los errores. Fue la representante de Ciudadanos –Inés Arrimadas- quien recriminó al candidato a la investidura un tuit de hace años en el que señalaba que “los invasores serán expulsados de Catalunya”. Puigdemont le explicó que la frase era un artículo del eminente pensador Carles Rahola ante la insurrección del general Franco y por cuyo artículo fue ajusticiado. La diputada ni se tomó la molestia de excusar-se.

El no discurso de las fuerzas unionistas en el Parlament no es otra cosa que el fiel reflejo de los partidos estatales ante el conflicto generado en Catalunya y que cuenta con un amplio respaldo. Nadie busca soluciones ni tiene un discurso para Catalunya, nadie intenta convencer a los catalanes de lo equivocados que están con el camino emprendido, nadie intenta entender las causas de este profundo malestar existente en el principado y todas los argumentos que ofrecen suenan , como mínimo, a descalificaciones. Muchos han querido ignorar lo que sucedía en Catalunya y se han inventado una realidad virtual que poco tiene que ver con lo que está pasando hasta propiciar que la situación esté adentrando cada vez más en un camino irreversible.

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