Los gráficos son claros. Lo de hoy ha sido un derrumbe en toda regla y sin paliativos. De principio a fin se ha vendido todo lo que había y un poco más sin que en ningún momento se haya visto capacidad de recuperación. En cierto modo, puede decirse que el mercado ha dejado hoy patente su desconfianza en todo y en todos.
Porque la excusa principal que anda circulando por el parqué tiene su miga: que Irán puede volver a vender petróleo cualquier día una vez que se levanten las sanciones por su programa nuclear. Es como si baja porque han descubierto América.
¿Por qué se piensa la gente que Arabia Saudí comenzó la guerra de precios cuando la empezó? Sencillamente porque vió una oportunidad de dejar fuera de juego a su archienemigo religioso en su vuelta al mercado, que estaba clara tras el acuerdo con Estados Unidos en torno al programa nuclear.
Vamos, que no es de recibo esa excusa, que no nos tomen por más tontos de lo que somos porque los que mandan en este cotarro tenían perfectamente controlada la vuelta del crudo iraní al mercado.
¿Que el hundimiento del petróleo ayuda? Por supuesto. Nadie hubiera supuesto hace tres meses que las cosas llegarían a este extremo. Al comienzo pensaron que iban contra el auge del «fracking», que también, pero resulta que la debilidad de la demanda es extrema, en buena parte por la debilidad de China y en otra parte porque el invierno meteorológico de este año es cualquier cosa menos invierno.
¿Que la debilidad de China preocupa? Claro que preocupa y más porque muchas empresas, de las más grandes, hicieron sus particulares cuentos de la lechera pensando que la demanda china era un pozo sin fondo y que iría siempre en aumento. Llegada la hora de la verdad, no es así y muchos se encuentran con sobrecapacidad de producción y stock sin vender, lo que son dos de las peores cosas que le pueden pasar a una empresa.
Pero si algo preocupa de verdad es la actitud de los Bancos Centrales. Buena parte de la culpa de la burbuja de precios formada por subidas constantes en los últimos seis años la tienen las políticas de estímulo de la Fed, que se han cortado radicalmente y ahora intentan seguir la senda de la subida de los tipos de interés.
En el mercado se cuenta que han elegido el peor momento posible y que la debilidad de la demanda mundial en sectores muy básicos de la economía es un factor que la Fed se ha empeñado en no tener en cuenta a la hora de tomar sus decisiones. Sólo parece mirar el nivel de empleo en Estados Unidos.
Y en este capítulo de bancos centrales no hay que olvidar al gran ausente de las últimas semanas, Mario Draghi. El presidente del BCE dijo hasta la saciedad que haría todo lo necesario para conseguir un euro más barato, para apoyar a las economías europeas y a sus mercados. Prometió, en un alarde de idiocia, que pondría más dinero encima de la mesa si era necesario. Y no lo puso ni lo va a poner porque Alemania se niega a ponerlo.
Las cosas están así y lo ocurrido hoy en el mercado en realidad no es nuevo. es la continuación de lo que ciene ocurriendo desde que comenzó el año. Y no ocurre desde antes porque por motivos técnicos a muchos les convenía cerrar el año en mejores condiciones, pero ahora hay doce meses por delante para elaborar estrategias y tiempo para caer y recuperar si es necesario. Y están en lo de caer, ya veremos si llega lo de recuperar.
En fin, que hemos cerrado la semana con un varapalo generalizado de los buenos. Al cierre, el Dax perdiö un 2,54%, el Ibex un 2,78%, el CAC un 2,38% y el Eurostoxx un 2,37%.
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