Pedro Sánchez y el abismo de su deseo

22/01/2016

Joaquín Pérez Azaústre.

Pablo Iglesias fuerza el pie de Pedro Sánchez, le hace asomarse ahora al abismo de lo que desea. Las últimas semanas, mientras Mariano Rajoy se dedicaba a ver pasar los días con su inmanencia líquida, Pedro Sánchez ha gastado las suelas del espíritu en hacer el camino de ida y vuelta, y volver a intentarlo, y volver a adentrarse en la posibilidad de una isla, de una especie extraña de nueva confluencia de la izquierda, arañando intenciones de aquí para allá, mientras los otros le ponían en tela de juicio cada paso. Pedro Sánchez gastaba suela a secas, y la sigue gastando, entre la avalancha de comparecencias y visitas a Fitur; y cada una de sus declaraciones, de sus deseos de unión con otras fuerzas, eran criticados desde las orillas de la confrontación, mientras se le reprochaba que estuviera dispuesto a venderse a cualquier precio y el seguía buscando el precio de su argumentación. Sin embargo, mientras los demás hablaban, Sánchez era el único que se movía, o esa es la impresión vital que daba ante los focos.

Las cámaras de televisión han convertido a Pedro Sánchez en un agente de la movilidad política, y ésa es una batalla que ha ganado estos días el líder del PSOE. También el propio partido socialista ha empezado a enmendar la plana a Pedro Sánchez, como si la solución viniera del sur y hubiera un nombre propio que pudiera anudar el zapato de un país que no ha encontrado el ritmo de su avance. Sin embargo, ¿no era la política, o no lo era también, el arte de buscar la grieta en las exposiciones de contrarios para encontrar el aire de un discurso común? Si la política era esto, el debate de acuerdo tras la conversación, saber ir renunciando a lo accesorio para tocar la hebra del cosido central, esto lo ha intentado Pedro Sánchez. Mientras los demás iban y venían con sus propias razones cargadas a la espalda, como un tomazo de principios propios que no llevan más lejos que a la conciencia unívoca, Sánchez se ha dedicado a tratar de entenderse con los otros, porque colige, tras las elecciones, que hay una mayoría de españoles que no quiere que siga gobernando el Partido Popular, o al menos que desea que Mariano Rajoy pueda proseguir con su siesta política, pero sin adormecer el país.

Es una interpretación, o es la que ha hecho Sánchez. Y la propia lectura que parece haber llevado en paralelo Pablo Iglesias, que acaba de ofrecerle un acuerdo con Podemos, ocupando él la vicepresidencia de un posible Gobierno que presidiría Pedro Sánchez: la izquierda, con Garzón, podría empezar aquí. El líder socialista, dueño de estos días de prolongado acecho, con la prórroga erigida en capital político, ha sonreído al responder que antes hay que sentarse a dialogar, a esbozar una línea de unión sobre el futuro, en el reparto del riesgo ante lo que ha de venir. Pero no parecía sorprendido, como si ya esperara este acelerón de Pablo Iglesias, mientras hace política y resiste.

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