La ignorancia es osada, afirma la sapiencia popular. La soberbia parece que también. El dirigente recién llegado -cuya formación ha obtenido buenos resultados pero se encuentra muy alejada de una mayoría popular-, se atreve a regalar con desparpajo y hasta insolencia una Presidencia del Gobierno simbólica mientras perfila los oscuros tejemanejes del verdadero poder entre sus propias huestes: las filas moradas.
Quien ha obtenido apoyos clamando por la igualdad y agitando como estandarte las proclamas de lucha de clases, derechos sociales o defenestración de la casta para subyugar a las masas, ahora exige públicamente ministerios muy “afines” a su programa. Vicepresidencia (que conlleva el control de los servicios de inteligencia), Interior (fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado), Defensa (poder sobre el Ejército), Educación (adoctrinamiento a la carta), Justicia (sometimiento de los tribunales) y Economía (dominio del dinero y la Hacienda pública). Como guinda de este pastel envenenado, solicita también la dirección de RTVE, el instrumento más eficaz para moldear ideológicamente al principal vivero de sus simpatizantes.
Con un 20,6% de los votos -conseguido en comandita con grupos folloneros y separatistas- Pablo Iglesias ha decidido quién tiene que ser el Presidente de todos los españoles, quién el Vicepresidente, quiénes ministros, qué carteras ministeriales configurarán el nuevo ejecutivo y hasta el modelo de España. Si tras semejante despliegue de egocentrismo y chantaje encubierto todavía algunos creen que el verdadero leitmotive de Iglesias y acólitos es el bienestar del pueblo y la igualdad social, tienen un grave problema de percepción de la realidad. El que se ha hartado de repetir en prime time que jamás pactaría con esa castuza que tanto desprecia, propone tratos en la primera oportunidad que se le presenta. Afirmaba que tampoco formaría parte de un gobierno que no presidiera: otra mentira; y que su propósito no eran los sillones ni los cargos: por eso ha demandado la Vicepresidencia y los ministerios más representativos.
El autoproclamado paradigma de la regeneración política, mesías de las clases humildes y necesitadas, acaba de demostrar una incoherencia supina: sus prioridades no pasan por carteras como Empleo, Vivienda, Igualdad, Sanidad, Medio Ambiente o Asuntos Sociales, por citar algunas. Clarificador retrato de un embaucador que ha seducido al electorado más vulnerable mediante promesas incumplibles con la intención de alcanzar poder por la vía exprés.
La prepotencia y el endiosamiento podemita están adquiriendo proporciones descomunales, hasta el punto de que podrían acabar devorando a su propia criatura, un engendro bien gestado. Pero calzarse un nivel de indignidad como el que está exhibiendo el líder socialista no es propio de un hombre de honor. Ambos líderes tienen una ambición colosal, indisimulada, pero la estrategia de Pablo Iglesias es clara, organizada, certera para la consecución de sus fines. Pedro Sánchez ni siquiera tiene estrategia.
Lo más trágico para los españoles es que este esperpento tiene fácil solución. Elección directa del Presidente en circunscripción única a doble vuelta. Si en la primera llamada a urnas ningún candidato alcanza el 50% de los votos, en siete días los ciudadanos decidimos entre los dos candidatos más votados. Resuelto el problema, los disparates y hasta las vanidades descontroladas…
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