Diga lo que diga Rajoy unas elecciones las gana quien logra formar gobierno y en el actual mapa político no parece que nadie esté en disposición de hacerlo y los principales protagonistas dan la impresión de que lo que buscan es afianzar su propio espacio político, intentar mellar al del contrario y, si es posible, provocar crisis internas en sus rivales, máxime en un momento que la volatilidad del electorado es muy alta.
El PP apela al miedo para afianzar su precaria situación. Aunque son tiempos de cambios y el lastre que llena en su maleta es muy pesado. El “vamos a forrarnos” que en su día pronunció uno de sus dirigentes en conversación telefónica grabada refleja que muchos consideren que la corrupción está enquistada en el partido y los hechos que se van conociendo no parecen desmentirlos. Además su fortaleza interna se basa en un liderazgo con mano de hierro que se aguanta mientras ostente el poder, Muchos de sus dirigentes saben que son pasado y no futuro y su relevo no se ve por ninguna parte.
El previsible Rajoy se lamenta que nadie quiere pactar con ellos. Le devuelven la moneda a quien ha tenido el poder absoluto y no se ha dignado a escuchar a nadie. Tuvo la habilidad de sorprender a todos rechazando protagonizar el primer intento de investidura. Es una manera de ganar tiempo pero, sobre todo, evitar el enorme desgaste de quien sabe que no va a salir investido en este lance y que además recibirá duras críticas por todos los lados. A sus rivales les basta leer las promesas que hizo hace cuatro años al exponer su programa, cuando pretendía arreglar la crisis en tres meses y comprobar cómo sus propuestas sólo eran un brindis al sol porque no ha cumplido ninguna,
El PP basa su suerte en la pugna que tiene el PSOE entre los partidarios de Pedro Sánchez y los de Susana Díaz. El líder socialista también juega al ratón y al gato. Esperaba que el partido más votado tuviera un fuerte revés en el Congreso para pasar al primer plano de la vida política…. Ahora tiene que jugar por que el órdago se lo ha enviado Pablo Iglesias quien, acaso para facilitarle el trabajo, hasta le ha hecho el hipotético futuro gobierno. Todos los dirigentes socialistas han criticado el envite del podemita al mismo tiempo que visualizaban las tensiones internas entre sus barones, muchos de los cuales se sienten cómodos con gobiernos de izquierdas que manden como lo harían los partidos de derechas.
Tanto Podemos como Ciudadanos, con estrategias radicalmente diferentes, pretenden ampliar su electorado con los desertores de los hasta ahora partidos hegemónicos. Unos visualizando el pánico de los socialistas a las políticas de izquierdas y otros tratando de ocupar el máximo del espacio de la derecha que hasta ahora monopolizaba el PP. Ya se sabe, a río revuelto…
Las matemáticas a veces son crueles e incluso con posibles acuerdos entre los cuatro cabezas de serie los números no hacen posible la investidura sin el concurso de otros grupos que también pondrán sobre la mesa unas líneas rojas difícilmente asumibles.
Todos son conscientes de la situación y aunque ni nadie se quiere levantar de la mesa para que se le acuse de provocar nuevas elecciones, sí que parece que todos están labrando el terreno en una intensa pre campaña, claro que la política es el arte de lo posible y además –a veces- hace extraños compañeros de cama y algunos son especialistas de hacer de la necesidad virtud.
Los tiempos son muy importantes en política y en este momento de la partida nadie parece tener claro su desenlace y como todo se mueve entre bambalinas y las apariencias con frecuencia engañan, esperemos que al final alguien nos cuente como acaba una partida en la que los millones de votantes no nos queda otro remedio que ser espectadores.
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