Sánchez entre don Tancredo y el de la coleta

05/02/2016

Luis Díez.

El tiempo vuela. Han pasado 47 días con sus noches desde las elecciones generales del 20D hasta este viernes, 5 de febrero, en que el socialista Pedro Sánchez termina la primera ronda negociadora con los distintos jefes de filas parlamentarias para intentar formar gobierno. La negativa por duplicado de Mariano Rajoy de asumir su responsabilidad constitucional (Artículo 99 de la CE) como candidato de la fuerza más votada, ha forzado al jefe del Estado, el rey Felipe VI, a utilizar el margen de maniobra que le concede el 66.e) de la Carta Magna para alterar el orden y pedir a Sánchez, el segundo más votado, que intente buscar apoyos para gobernar. Ya es sabido que Rajoy pedía el apoyo del PSOE por acción (voto a favor) o por omisión (abstención) para seguir gobernando. Era la única opción que tenía porque con la suma de los 40 diputados de Ciudadanos sólo alcanzaría 163 votos favorables y malditas las ganas de negociar la abstención con los secesionistas catalanes de ERC y DiL (antigua Convergencia). Incluso había ofrecido a los socialistas (de boquilla y sin concreción) una “gran coalición” a la alemana, lo que habría dejado libre todo el espacio de la oposición a Podemos y Unidad Popular-IU.

La táctica de Rajoy –“O yo o nuevas elecciones”– ha colocado a Sánchez en el disparadero. Ha aceptado el encargo real y se ha puesto manos a la obra de inmediato. Ha pedido un mes para negociar y el PP y C’s, que no habían dicho ni mu ante el tancredismo de Rajoy, opinan ahora que eso es mucho tiempo. Técnicamente no lo es porque Sánchez quiere someter al veredicto de las bases del PSOE el resultado de la negociación, es decir, los acuerdos que pueda alcanzar el equipo negociador con Ciudadanos y con Podemos. Pero políticamente igual le sobran dos semanas. De hecho, la incompatibilidad mutua, manifestada por el presidente de C’s, Albert Rivera, y el secretario general de Podemos, Pablo Manuel Iglesias, ya ha convertido la “coalición reformista y progresista” por la que Sánchez apuesta en un ejercicio imposible, una esfera cúbica, la cuadratura del círculo o una pérdida de tiempo. En su “Breviarium Vitae” Séneca dijo que no es que tengamos poco tiempo, es que perdemos mucho.

Con el planteamiento de partida que Pablo Manuel Iglesias trasladó el viernes a Sánchez de no sumarse a una mesa de negociación en la que esté C’s, al líder del PSOE no le queda más remedio que pedirle que recapacite o que, al menos, negocie por separado. Los equipos del PSOE y C’s comenzaron el viernes a poner en común las materias en las que están de acuerdo. Si Podemos acepta la negociación por separado, los socialistas buscarán los puntos de acuerdo con ellos y entrarán en la letra pequeña. Si persiste el rechazo mutuo entre Ribera e Iglesias, al final lo que los militantes socialistas tendrán que decidir es si prefieren el acuerdo al que se haya llegado con C’s o con Podemos. Algunos “barones” del PSOE dicen entre dientes lo que los medios afines a la derecha proclaman abiertamente: que el Partido Socialista no es la CUP, como si la participación y la democracia interna no tuviera ningún valor o como si fuera mal año por mucho trigo.

Sin ánimo de poner el carro delante de los bueyes, ya es sabido que las bases del PSOE se sienten más de izquierdas que su dirección y que preferirían un pacto con Podemos e IU al que pudiera sumarse el PNV que con los liberales de C’s. Pero si Podemos mantiene su negativa a negociar y al final Sánchez sólo puede pactar con C’s, ¿cometerá Pablo Manuel Iglesias el pecado de votar en contra de la militancia socialista y dejar el campo libre al PP por no abstenerse? Aunque después votase en contra de la investidura de Rajoy, en el pecado llevaría la penitencia y podría pagarla en el escenario electoral inmediato al que tanto Rajoy como Iglesias pretenden abocar al país con la creencia de que les beneficia. A eso apunta el barómetro de enero del CIS, en el que Podemos adelanta al PSOE en intención de voto (21,9% frente a 20,5%) y C’s pierde casi un punto. De momento es de agradecer que el líder socialista haya colocado al Congreso en el centro de la vida política y que la negociación tenga lugar en la sede de la soberanía nacional, lejos del secretismo, los cabildeos y los restaurantes de cuatro tenedores.

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