Rajoy no se entera

16/02/2016

Carmela Díaz.

Esperanza Aguirre

Esperanza Aguirre

O no quiere enterarse. Porque el gallego de mirada confusa, emperador de la desidia y dómine de los tiempos muertos, puede ser muchas cosas, pero no un tontaina.  Por eso su tibieza y apatía ante la corrupción que devora a su partido resulta inaudita. Máxime cuando los españoles están hasta los mismísimos c*****s del saqueo acometido durante décadas por delincuentes parapetados bajo siglas podridas (de todos los espectros ideológicos).

Carmela Díaz

Carmela Díaz

Ni siquiera la pérdida de ¡cuatro millones de votos! ha impulsado una autocrítica: porque se han ganado las elecciones. Gran parte de esos votantes extraviados provienen del hartazgo de los españoles a sentirse expoliados por los que debieron ser meticulosos administradores de las arcas públicas. Y un alto porcentaje de quienes optaron por el PP, no lo hicieron por convencimiento ni por apoyo incondicional a la formación, sino porque las alternativas estampadas en el resto de las papeletas eran aún peores. Pese a semejante batacazo y la imposibilidad de formar Gobierno, Rajoy evita comprender el contundente mensaje lanzado por los españoles. Menosprecia las ansias de renovación que tantos millones de electores gritaron en las urnas.

¿Alguien sigue confiando en Rajoy? Sus palmeros de cabecera debieran susurrarle al oído -o donde les plazca- que el Presidente en funciones carece de credibilidad. Aunque lo cierto es que el séquito complaciente loa al líder supremo de puertas para dentro -por miedo a la defenestración-, pero despotrica angustiado en pasillos, callejones y cafetines. Desde la publicación de los SMS de apoyo a Bárcenas -portada que se llevó por delante al controvertido Pedro J.– permanece flotando en la memoria colectiva la sospecha de que los dirigentes populares amparan la corrupción -o al menos la consienten-. Y los titulares de actualidad siguen acrecentando las dudas: que si la sede del partido se reformó con billetitos opacos, que si afamados constructores reparten parné tras sus muros, que si en Génova 13 trituran discos duros que contienen información deshonesta, que si afianzar el aforamiento de santa Rita cuando el río está sonando a ritmo de heavy metal

A estas alturas resulta inverosímil -hasta para el más ferviente simpatizante popular- digerir que sus líderes nacionales, o los de Madrid y Valencia, no se percataban del avispero de podredumbre con el que convivían a diario. Y si realmente lo ignoraban, la conclusión pasa por asumir que la dirección genovesa fue incapaz de controlar a sus cabecillas autonómicos, provinciales y locales -puestos a dedo-. La proliferación de tramas delictivas los desautoriza, pues, para dirigir ningún proyecto político futuro.

La regeneración del sistema y de nuestra democracia es un movimiento imparable. El Partido Popular tiene que hacer acto de contrición, refundarse y apartar de inmediato a corruptos y cómplices -por acción u omisión-. Los viejos dirigentes están condenados a desaparecer del escenario público. Cuanto antes lo admitan, mejor para todos.  Parece que llegó el momento en el que mantener poder a cualquier precio, anteponer intereses personales o engordar egos pasó a mejor vida. Mientras Rajoy y su vieja guardia permanezcan jugando la partida, sobrevolará el prejuicio y la desconfianza de los hastiados ciudadanos. El futuro de España y la supervivencia de su propio partido bien merecen sacrificios. Rubalcaba, Llamazares, Mas, Díez, Durán, Guerra, Gallardón, Aguirre y hasta el exjefe del Estado, entre otros, ya desaparecieron del tablero.

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