Los españoles no estábamos acostumbrados a esto. Pero sobre todo, los que no estaban acostumbrados son los políticos, y en la remesa del 20-d han llegado dos nuevos y hay muchas caras desconocidas. Evidentemente, es el fiel reflejo de la sociedad española actual. El Congreso, donde se están celebrando todas las negociaciones, parece una caja de grillos.
Desde las primeras elecciones de la nueva era democrática en España, el partido ganador había salido con mayoría absoluta o necesitando unos cuantos apoyoso, que casualmente siempre se encontraban entre los partidos nacionalistas. También es cierto que en el espectro político, sólo IU -la de Carrillo, Iglesias, Anguita o Cayo Lara- era de los pocos que no tenían la etiqueta de partido perteneciente a una solo comunidad. Pero, ahora de golpe y porrazo, las urnas han decidido que las mayorías absolutas o muy cerca de serlo no son buenas. Sobre todo en términos de corrupción y en la forma de utilizarla, con decretazos sin fin y sin consensucar ni una sola coma.
Rajoy sigue blandiendo sus siete millones de votos como si fuera lo más, y olvidándose de que en España hay casi 40 millones de personas que no piensan como esos siete millones. Pero su fuerza en votos no le dio el suficiente coraje como para intentar negociar aunque fuera una coma. De sobra sabe que después de tanta mentira durante cuatro años quién se va a creer que de llegar a un pacto lo cumpla.
Por su parte, Pedro Sánchez intenta reinventar el descalabro ofreciendo pactos a troche y moche, menos al PP. Estos cuatro años de ofensas y tu más hicieron imposible cualquier tipo de entendimiento entre los dos partidos tradicionales. Y todo hay que decirlo, las exigencias de Pablo Iglesias, por no decir ofensas, tampoco han sido bien acogidas en la bancada socialista, que ven prepotente y soberbio al nuevo político al que acompañan gente bien formada en universidades y en la calle, pero sin experiencia en eso que es gobernar. Donde lo están haciendo ya están sabiendo de primera mano lo que es que te convoquen huelgas, te asedien con posibles investigaciones sobre corrupción o te denuncien por cosas que escribiste en el pasado pero que te despojan de toda la dignidad para ocupar cualquier cargo público.
Y luego está Albert Rivera, de ideas más próximas al PP, pero de talante negociador más próximo al PSOE. No se puede decir que sea un centro moderado lo que representa, porque Ciudadanos también tiene sus cositas como su opinión sobre el aborto, la maternidad subrogada o la custodia compartida.
El Pacto, el primero, firmado por PSOE y Ciudadanos ha sido fácil si se tiene en cuenta que trata de desfacer lo hecho por el Gobierno ‘absolutitas’ de Mariano Rajoy. Cómo no ponerse de acuerdo en eliminar el copago de los productos farmacéuticos a los pensionistas, o no subir impuestos o rechazar el referendum en Cataluña. Y muchas más cosas, como acordar una reforma educativa consensuada por todos, elevar las ayudas a las universidades; fijar un complemento salarial; fijar impuestos a los más ricos o nuevos impuestos medioambientales; convertir al Senado en una cámara territorial con unos 100 senador o si no cerrarlo…
Un pacto, en definitiva, con cosas concretas. Pero que curiosamente no ha gustado al PP, (faltaría) porque como ha dicho Rajoy «no sirve para nada». Él está en clave de gobernar y las medidas, que vienen a rectificar sus políticas, las prefiere ignorar.
Y en Podemos tampoco ha gustado porque en su afán de poner líneas rojas, una de las primeras, sin atender a medidas ni razones, es que no formarían parte de un pacto en el que estuviera Ciudadanos. Fíjense que tanto podemos como Cd’s llevan poco más de un año en funcionamiento y ya están a la greña como el PP y el PSOE.
Total que Sánchez, si en Podemos no cambian de opinión y dejan de pensar en vicepresidencias, quedará como el político que al menos intentó algo. Rajoy desde un primer momento apostó por celebrar nuevas elecciones.
Ya se verá quién ha ganado la partida. Los que perdemos somos todos los españoles, que vemos con impotencia, pese a nuestro voto, que tenemos unos políticos que no están a la altura de pactar, consensuar y gobernarnos con medidas que nos meremos y necesitamos. Como están las cosas desde el 20-d, no parece que se pueda llegar a dos pactos ni a tres ni a cuatro…
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