Así ven los científicos la película “Marte”: un viaje imposible, de momento

28/02/2016

Miguel Ángel Valero. Faltan, siendo muy optimistas, 50 años para que la película de Ridley Scott pueda llegar a hacerse realidad, coinciden José Eduardo González y José Antonio Rodríguez Manfredi (Centro de Astrobiología), Emmet Fletcher (Centro Europeo de Astronomía Espacial) y Carlos González-Pintado (ex de la NASA).

Emmet Fletcher, José Eduardo González, José Antonio Rodríguez Manfredi, Carlos González-PintadoTwentieth Century Fox Home Entartainment tuvo la buena idea de presentar la edición en DVD, Blu-ray y Blu-ray en 3D de “Marte” (‘The martian’), la película de Ridley Scott, con un coloquio de científicos conocedores de los viajes espaciales. José Eduardo González, jefe de Evolución Molecular del Centro de Astrobiología; José Antonio Rodríguez Manfredi, investigador principal del Mars Enviromental Dynamics Analyzer (Medea) del Centro de Astrobiología; Emmet Fletcher, del Centro Europeo de Astronomía Espacial (Esac-ESA) y Carlos González-Pintado, exsubdirector de la NASA en el centro de Robledo de Chavela (Madrid), comentaron algunas escenas de una película galardonada con dos Globos de Oro (Mejor Película y Mejor Actor, Matt Damon), nominada a 7 Oscar y 6 Bafta, y que ha recaudado más de 570 millones de dólares en el mundo (11 millones de euros en España).

José Antonio Rodríguez Manfredi cree que la película, con algunas licencias, obviamente, tiene “realismo científico”, es “respetuosa con la ciencia”. “Es lo que nos podemos encontrar en un futuro viaje a Marte”, afirma, precisando que “la tecnología actual no permite colocar una nave tan grande en un viaje con destino a Marte”. Señala que la temperatura allí oscila en el ecuador entre -90 grados y +2.

La primera secuencia analizada por los científicos es cuando se desata la tormenta en Marte. José Antonio Rodríguez Manfredi cree que es “perfectamente posible y llegar a 250 kilómetros por hora, pero con un 1% de la atmósfera de la Tierra no podría arrastrar objetos de la forma en que se observa en la película”. Lo dice un ingeniero que está actualmente trabajando en un nuevo Rover que no tardará en pisar suelo marciano.

En la segunda escena, el astronauta al que da vida Matt Damon consigue plantar una gran cantidad de patatas en uno de los módulos instalados en Marte con tierra de ese planeta y con los residuos orgánicos de los propios astronautas. José Eduardo González da cierta credibilidad al asunto, “es un producto originario de los Andes que rece en situaciones muy extremas”, aunque advierte que en la película se reduce el tiempo de recolección de las patatas y que cabe la posibilidad de que la tierra marciana pudiese contener compuestos tóxicos y por tanto no serían comestibles. “La gravedad, que es la tercera parte a la de la Tierra, podría impedir que la planta creciera adecuadamente”, añade.

Este experto habla de la extremofilia, la búsqueda de organismos que sobrevivan en la Tierra en condiciones muy parecidas a las de Marte. En ese sentido, deja muy claro que “la NASA no está buscando vida en Marte, sino caracterizar el entorno”. Es cierto que hace 3.800 millones de años hubo en Marte un océano de agua, pero no hay indicios de vida”. “Tampoco tenemos allí instrumentos que nos digan si hay o no vida allí”, precisa.

El problema de la comunicación

La tercera secuencia es la comunicación entre Marte y la Tierra. “Es uno de los grandes problemas que tienen que afrontar los viajes tripulados. Un mensaje desde Marte a Houston tardaría 25 minutos. Y otro tanto, la respuesta desde la Tierra”, señala Carlos González-Pintado.

La otra gran dificultad es el tamaño de la nave. Para ir a Marte, la nave tiene que ser de la dimensión que aparece en la película, Hermes. “Es la única forma de viajar a Marte. No puedes meter en un viaje que va a durar como mínimo 6 meses a 6 astronautas en un espacio vital muy reducido”, resalta.

Emmet Fletcher comenta la última de las secuencias, con críticas a los trajes que llevan los astronautas. “Ahora mismo no hay sistema para protegerse de la radiación existente durante el viaje y en Marte”, afirma. Explica algunos de los proyectos en los que está trabajando actualmente, como el envío de una sonda espacial para estudiar la atmósfera de Marte y verificar si hay metano en ella y de dónde proviene. En 2018 se enviará a Marte un Rover con una broca para excavar,ya que “en la superficie es imposible que haya vida debido a las condiciones climáticas extremas”.

Escépticos con la colonización de Marte

Los cuatro expertos se muestran muy escépticos con la idea de la empresa Mars One de enviar a astronautas en 2026 a Marte en un viaje sin retorno. “No nos podemos plantar colonizar Marte, desconocemos muchas variables, no tenemos aún capacidad tecnológica para mover grandes naves ni para combatir esos niveles de radiación, ¿cómo se lleva el oxígeno en un viaje que va a durar como poco seis meses?, ¿qué pasa con los residuos que generen los astronautas?”, son algunas de las reflexiones.

“Se necesitan todavía muchos recursos de investigación, falta mucho tecnológicamente, siendo muy optimistas, más de 50 año, para plantearnos un viaje a Marte”, insisten. Y dejan en el aire dos grandes cuestiones. Una, “¿cómo nos vamos a poner de acuerdo en una misión conjunta internacional a Marte?”, que sería la única manera posible de financiar el proyecto. Y dos, “¿para qué vamos de verdad a Marte?”.

 

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